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Hechos 4

Biblia del Peregrino (1993)

1Mientras hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos,

2irritados porque instruían al pueblo anunciando la resurrección de la muerte por medio de Jesús.

3Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en prisión hasta el día siguiente.

4Muchos de los que oyeron el discurso abrazaron la fe, y así la comunidad llegó a unos cinco mil.

5Al día siguiente se reunieron en Jerusalén los jefes, los senadores y los letrados,

6también Anás el sumo sacerdote y Caifás, Juan y Alejandro y todos los familiares de sumos sacerdotes.

7Hicieron comparecer a los apóstoles y los interrogaban: ¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?

8Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: Jefes del pueblo y senadores:

9por haber hecho un beneficio a un enfermo, hoy nos interrogáis sobre quién ha sanado a este hombre.

10Pues conste a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que ha sido en nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y Dios resucitó de la muerte. Gracias a él, está éste sano en vuestra presencia.

11Él es la piedra desechada por vosotros, los arquitectos, que se ha convertido en piedra angular.

12Ningún otro puede proporcionar la salvación; no hay otro nombre bajo el cielo concedido a los hombres que pueda salvarnos.

13Observando el aplomo de Pedro y Juan y constatando que eran hombres simples y sin letras, se admiraban; al reconocer que habían sido compañeros de Jesús

14y al ver al hombre sanado de pie con ellos, se quedaron sin réplica.

15Ordenaron, pues, que salieran del tribunal y se pusieron a deliberar:

16¿Qué hacemos con estos hombres? Han hecho un milagro patente, todos los vecinos de Jerusalén lo saben y no podemos negarlo.

17Pero, para que no se siga divulgando entre el pueblo, los conminaremos a que no vuelvan a hablar a nadie de ese hombre.

18Los llamaron y les ordenaron abstenerse absolutamente de hablar y enseñar en nombre de Jesús.

19Pedro y Juan les replicaron: ¿Le parece a Dios justo que os obedezcamos a vosotros antes que a él? Juzgadlo.

20Lo que es nosotros, no podemos callar lo que sabemos y hemos visto.

21Repitiendo sus amenazas los despidieron, pues no hallaban modo de imponerles una pena, a causa del pueblo, que daba gloria a Dios por lo sucedido.

22El hombre beneficiado con la señal de la sanación tenía más de cuarenta años.

23Al verse libres, se reunieron con sus compañeros y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los letrados.

24Los que lo oyeron levantaron la voz unánime dirigiéndose a Dios: Señor, que hiciste el cielo, la tierra, el mar y cuanto contienen;

25que por boca de tu siervo David, inspirado por el Espíritu Santo, dijiste: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos planean en vano?

26Se levantaron los reyes de la tierra y los gobernantes se aliaron contra el Señor y contra su Ungido.

27De hecho, en esta ciudad, se aliaron contra tu santo siervo Jesús, tu Ungido, Herodes y Poncio Pilato con paganos y gente de Israel,

28para ejecutar cuanto había determinado tu mano y tu designio.

29Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu mensaje con toda franqueza.

30Extiende tu mano para que sucedan sanaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús.

31Al terminar la súplica, tembló el lugar donde estaban congregados, se llenaron de Espíritu Santo y anunciaban el mensaje de Dios con franqueza.

32La multitud de los creyentes tenía una sola alma y un solo corazón. No llamaban propia a ninguna de sus posesiones, antes lo tenían todo en común.

33Con gran energía daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y eran muy estimados.

34Entre ellos no había indigentes, pues los que poseían campos o casas los vendían, llevaban el precio de la venta

35y lo depositaban a los pies de los apóstoles. A cada uno se le repartía según su necesidad.

36Un tal José, a quien los apóstoles llamaban Bernabé, que significa Consolado, levita y chipriota de nacimiento,

37poseía un campo: lo vendió, llevó el precio y lo depositó a los pies de los apóstoles.

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