Hechos 2
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos.
2De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban.
3Aparecieron lenguas como de fuego, repartidas y posadas sobre cada uno de ellos.
4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les permitía expresarse.
5Residían entonces en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todos los países del mundo.
6Al oírse el ruido, se reunió una multitud, y estaban asombrados porque cada uno oía a los apóstoles hablando en su propio idioma.
7Fuera de sí por el asombro, comentaban: ¿No son todos los que hablan galileos?
8¿Pues cómo los oímos cada uno en nuestra lengua nativa?
9Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia,
10Frigia y Panfilia, Egipto y los distritos de Libia junto a Cirene, romanos residentes,
11judíos y prosélitos, cretenses y árabes: todos los oímos contar, en nuestras lenguas, las maravillas de Dios.
12Fuera de sí y perplejos, comentaban: ¿Qué significa esto?
13Otros se burlaban diciendo: Están bebidos.
14Pedro se puso de pie con los Once y alzando la voz les dirigió la palabra: Judíos y vecinos todos de Jerusalén, sabedlo bien y prestad atención a lo que os digo.
15Éstos no están ebrios, como sospecháis, pues no son más que las nueve de la mañana.
16Sino que está cumpliéndose lo que anunció el profeta Joel:
17En los últimos tiempos dice Dios derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos tendrán sueños;
18también sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu aquel día y profetizarán.
19Haré prodigios arriba en el cielo y abajo en la tierra: sangre, fuego, humareda;
20el sol aparecerá oscuro, la luna ensangrentada, antes de llegar el día del Señor, grande y patente.
21Todos los que invoquen el nombre del Señor se salvarán.
22Israelitas, escuchad mis palabras: Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que Dios realizó por su medio, como bien sabéis.
23A éste, entregado según el plan previsto por Dios, lo crucificasteis por mano de gente sin ley y le disteis muerte.
24Pero Dios, liberándolo de los rigores de la muerte, lo resucitó, pues la muerte no podía retenerlo.
25David dice refiriéndose a él: Pongo siempre delante al Señor: con él a la derecha no vacilaré.
26Por eso se me alegra el corazón, y goza mi lengua y mi carne descansa esperanzada:
27porque no me dejarás en la muerte ni permitirás que tu devoto conozca la corrupción.
28Me enseñaste el camino de la vida, me llenarás de gozo en tu presencia.
29Hermanos, puedo decíroslo con toda franqueza: el patriarca David murió y fue sepultado, y su sepulcro se conserva hasta hoy entre nosotros.
30Pero como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente carnal suyo se sentaría en su trono,
31previó y predijo la resurrección del Mesías, diciendo que no quedaría abandonado en la muerte ni su carne experimentaría la corrupción.
32A este Jesús lo resucitó Dios y todos nosotros somos testigos de ello.
33Exaltado a la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado. Es lo que estáis viendo y oyendo.
34Porque David no subió al cielo, sino que dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
35hasta que ponga tus enemigos debajo de tus pies.
36Por tanto, que toda la Casa de Israel reconozca que a este Jesús que habéis crucificado, Dios lo ha nombrado Señor y Mesías.
37Lo que oyeron les llegó al corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: ¿Qué debemos hacer, hermanos?
38Pedro les contestó: Arrepentíos, bautizaos cada uno invocando el nombre de Jesucristo, para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39Pues la promesa vale para vosotros y vuestros hijos y los lejanos a quienes llamará el Señor nuestro Dios.
40Y con otras muchas razones les argüía y los exhortaba diciendo: Poneos a salvo, apartándoos de esta generación malvada.
41Los que aceptaron sus palabras se bautizaron y aquel día se incorporaron unas tres mil personas.
42Eran asiduos en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la solidaridad, en la fracción del pan y en las oraciones.
43Ante los prodigios y señales que hacían los apóstoles, un sentido de reverencia se apoderó de todos.
44Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común.
45Vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno.
46A diario acudían fielmente y unánimes al templo; en sus casas partían el pan, compartían la comida con alegría y sencillez sincera.
47Alababan a Dios y todo el mundo los estimaba. El Señor iba incorporando a la comunidad a cuantos se iban salvando.