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Ezequiel 24

Biblia del Peregrino (1993)

1El año noveno, el día décimo del décimo mes, me dirigió la palabra el Señor:

2Hijo de Adán, apunta la fecha de hoy, de hoy mismo. El rey de Babilonia hoy mismo ha atacado a Jerusalén.

3Propón una parábola a la casa rebelde, diciéndoles: Esto dice el Señor Dios: Pon la olla, ponla, echa en ella agua;

4echa en ella tajadas, las mejores tajadas, pernil y costillar; llénala de huesos escogidos.

5Aparta lo mejor del rebaño; luego apila debajo la leña, cuece las tajadas en la olla y hierve los huesos.

6Por tanto, así dice el Señor Dios: ¡Ay ciudad sanguinaria, olla herrumbrosa que no se desherrumbra! Vacíala tajada a tajada, sin echarlas a suerte.

7Pues la sangre que en la ciudad se derramó la echó sobre la roca pelada, no la vertió en la tierra para que el polvo la cubriera.

8Para encolerizarme, para vengarme he puesto en roca pelada la sangre que derramó: así no será cubierta.

9Por tanto, así dice el Señor Dios: ¡Ay, ciudad sanguinaria! Yo mismo agrando la pira,

10arrimo más leña, enciendo el fuego, consumo la carne, saco el caldo y los huesos se queman.

11Coloco la olla vacía sobre las brasas para que el cobre se recaliente, se ponga al rojo y se le derrita la roña, se le consuma la herrumbre.

12Pero, por más que uno se canse, ni al fuego se le desprende su mucha herrumbre.

13Por tu infame inmundicia, porque intenté limpiarte y no quedaste limpia de tu inmundicia, no volverás a ser limpiada hasta que descargue en ti mi cólera.

14Yo, el Señor, lo digo, lo realizo y sucede, no lo paso por alto, ni me apiado, ni me arrepiento. Según tu conducta y tus malas obras te juzgaré -oráculo del Señor Dios-.

15Me dirigió la palabra el Señor:

16Hijo de Adán, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; no llores ni hagas duelo ni derrames lágrimas;

17laméntate en silencio como un muerto, sin hacer duelo; líate el turbante y cálzate las sandalias; no te cubras la cara ni comas el pan del duelo.

18Por la mañana yo hablaba a la gente, por la tarde se murió mi mujer y a la mañana siguiente hice lo que se me había mandado.

19Entonces me dijo la gente: ¿Quieres explicar qué nos anuncia lo que estás haciendo?

20Les respondí: Me dirigió la palabra el Señor:

21Dile a la Casa de Israel: Esto dice el Señor Dios: Mira, voy a profanar mi santuario, vuestro soberbio baluarte, el encanto de vuestros ojos, el tesoro de vuestras almas. Los hijos e hijas que dejasteis caerán a espada.

22Entonces haréis lo que yo he hecho: no os cubriréis la cara ni comeréis el pan del duelo;

23seguiréis con el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no lloraréis ni haréis duelo; os consumiréis por vuestra culpa y os lamentaréis unos con otros.

24Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho. Y cuando suceda sabréis que yo soy el Señor Dios.

25Y tú, Hijo de Adán, el día que yo les arrebate su baluarte, su espléndida alegría, el encanto de sus ojos, el ansia de sus almas,

26ese día se te presentará un fugitivo para comunicarte una noticia.

27Ese día se te abrirá la boca y podrás hablar en presencia del fugitivo, y no volverás a quedar mudo. Les servirás de señal y sabrán que yo soy el Señor.

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