Efesios 5
Biblia del Peregrino (1993) ›1Imitad a Dios como hijos queridos;
2proceded con amor, como el Mesías os amó hasta entregarse por vosotros a Dios como ofrenda y sacrificio de aroma agradable.
3Fornicación, impureza de cualquier clase, codicia, ni nombrarse entre vosotros, como corresponde a consagrados;
4lo mismo obscenidades, estupideces, groserías, cosas inconvenientes, sino lo contrario, la acción de gracias.
5Pues habéis de saber que ningún fornicario o impuro o avaro que es una forma de idolatría recibirá una herencia en el reino del?Mesías y de Dios.
6Nadie os engañe con vanos discursos, pues por ello descarga la ira de Dios sobre los rebeldes.
7No os hagáis cómplices suyos.
8Pues si en un tiempo erais tinieblas, ahora por el Señor sois luz: proceded como hijos de la luz
9fruto de la luz es toda bondad, justicia y verdad .
10Comprobad qué agrada al Señor.
11No participéis en las obras estériles de las tinieblas, antes bien denunciadlas.
12Lo que ellos hacen a ocultas da vergüenza decirlo.
13Todo lo que se expone a la luz queda patente,
14y lo que está patente es luz. Por eso dice: ¡Despierta, tú que duermes, levántate de la muerte, y te iluminará el Mesías!
15Observad atentamente cómo procedéis, no como necios, sino como sensatos.
16Aprovechad la ocasión, que corren tiempos malos.
17Por eso no seáis imprudentes, antes comprended lo que el Señor desea.
18No os embriaguéis con vino, que engendra lujuria, antes llenaos de Espíritu.
19Entre vosotros entonad salmos, himnos y cantos inspirados, cantando y tañendo de corazón en honor del Señor,
20dando gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.
21Someteos unos a otros en atención al Mesías.
22Las mujeres a los maridos como al Señor;
23pues el marido es cabeza de la mujer como el Mesías es cabeza de la Iglesia, él que es el salvador del cuerpo.
24Pues, como la Iglesia se somete al Mesías, así las mujeres a los maridos en todo.
25Maridos, amad a vuestras mujeres, como el Mesías amó a la Iglesia y se entregó por ella,
26para limpiarla con el baño del agua y la palabra, y consagrarla,
27para presentar una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e irreprochable.
28Así tienen los maridos que amar a sus mujeres, como a su cuerpo. Quien ama a su mujer se ama a sí;
29nadie ha odiado nunca su cuerpo, antes lo alimenta y cuida, como el Mesías a la Iglesia,
30ya que somos miembros de su cuerpo.
31Por eso abandonará el hombre a su padre y su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.
32Ese símbolo es magnífico, y yo lo aplico al Mesías y la Iglesia.
33Así vosotros: ame cada uno a su mujer como a sí y la mujer respete a su marido.