Eclesiástico (Sirácide) 33
Biblia del Peregrino (1993) ›1El que teme al Señor no sufrirá desgracias, sino que saldrá salvo de la prueba.
2El que odia la ley no llega a sabio, será como barco sacudido por la tempestad:
3el hombre prudente entiende la Palabra del Señor y su consejo es de fiar como un oráculo.
4Prepara tu discurso y serás escuchado, ordena tus ideas antes de responder (TH: Prepara tu asunto antes de realizarlo y arregla la casa antes de habitarla.)
5Rueda de carro es la mente del necio, aro que gira sus pensamientos.
6Amigo antipático es como caballo en celo, que relincha bajo cualquier jinete.
7¿Por qué un día es distinto de otro día, si todos repiten la luz del sol?
8La sabiduría de Dios los distinguió y estableció entre ellos días festivos;
9bendijo uno de ellos y lo santificó, a los demás los hizo días ordinarios.
10Todos los hombres son piezas de barro, pues de arcilla fue creado Adán;
11pero la sabiduría de Dios los distingue, los hizo habitar la tierra e hizo diferentes sus destinos.
12A unos los bendice y exalta, a unos los consagra y acerca a sí; a otros los maldice y humilla y los arroja de sus puestos.
13Como está el barro en mano del alfarero, que lo maneja a su voluntad, así está el hombre en manos de su Creador, que le asigna un puesto en su presencia.
14Frente al mal está el bien, frente a la vida la muerte, frente al honrado el malvado, frente a la luz las tinieblas.
15Contempla las obras de Dios: todas de dos en dos, una corresponde a otra.
16Yo quedé en vela el último como quien rebusca tras los viñadores;
17madrugué con la bendición del Señor, y como cosechero llené mi lagar.
18Mirad que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan sabiduría.
19Escuchadme, jefes de un pueblo noble; prestadme oído los que gobernáis la asamblea.
20Ni a hijo ni a mujer, ni a amigo ni a vecino des poder sobre tu vida mientras vivas; no entregues lo tuyo a otro, no sea que te arrepientas y tengas que suplicarle,
21mientras vivas y respires no te sometas a nadie;
22mejor es que tus hijos te supliquen que estar tú a merced de ellos.
23Sé dueño de todos tus asuntos, y que no caiga mancha en tu reputación.
24Cuando se cumpla el número de tus breves días, el día de la muerte, repartirás tu herencia.
25Al asno, pienso, látigo y carga; al siervo, pan, sujeción y tarea;
26haz trabajar al siervo y te sentirás tranquilo; déjale las manos libres y buscará la libertad;
27con yugo y coyundas se doblega el cuello, el siervo malo con tortura y dolores,
28hazlo trabajar para que no esté ocioso, porque la pereza trae mucha malicia;
29encárgale la tarea que se le adecua, y si no obedece cárgalo de cadenas.
30Pero no te excedas con ningún hombre ni hagas nada injustamente.
31Si tienes un solo siervo, trátalo como a ti mismo, pues lo has comprado a precio de sangre;
32si tienes un solo siervo, considéralo un hermano, no tengas celos de tu propia sangre.
33Si lo maltratas, se escapará y lo perderás, ¿por qué camino podrás encontrarlo?