Eclesiastés 8
Biblia del Peregrino (1993) ›1¿Quién como el sabio?, ¿quién sabe interpretar un asunto? La sabiduría serena el rostro del hombre cambiándole la dureza del semblante.
2Yo digo: cumple el mandato del rey, pues juraste ante Dios;
3no te turbes ante él, pero cede; no resistas a su amenaza porque puede cumplirla.
4La palabra del rey es soberana, ¿quién le pedirá cuentas de lo que hace?
5El que cumple sus órdenes no sufrirá nada malo.
6El sabio atina con el momento y el método, pues cada asunto tiene su momento y su método. El hombre está expuesto a muchos males,
7porque no sabe lo que va a suceder y nadie le informa de lo que va a pasar.
8El hombre no es dueño de su vida ni puede encarcelar su aliento; no es dueño del día de la muerte ni puede librarse de la guerra. Ni la maldad librará a su dueño.
9Todo esto lo he observado fijándome en todo lo que sucede bajo el sol, mientras un hombre domina a otro para su mal.
10También he observado esto: sepultan a los malvados, los llevan a lugar sagrado, y la gente marcha alabándolos por lo que hicieron en la ciudad. Y ésta es otra vanidad:
11que la sentencia dictada contra un crimen no se ejecuta enseguida; por eso los hombres se dedican a obrar mal,
12porque el pecador obra cien veces mal y tienen paciencia con él. Ya sé yo eso: Le irá bien al que teme a Dios, porque lo teme,
13y aquello: No le irá bien al malvado, el que no teme a Dios será como sombra, no tendrá larga vida.
14Pero en la tierra sucede otra vanidad: hay honrados a quienes toca la suerte de los malvados, mientras que a los malvados les toca la suerte de los honrados. Y esto lo considero vanidad.
15Yo alabo la alegría, porque el único bien del hombre es comer y beber y alegrarse; eso le quedará de sus fatigas durante los días de su vida que Dios le conceda vivir bajo el sol.
16Me dediqué a obtener sabiduría observando todas las tareas que se realizan en la tierra: los ojos del hombre no conocen el sueño ni de día ni de noche.
17Después observé todas las obras de Dios: el hombre no puede averiguar lo que se hace bajo el sol. Por más que el hombre se fatigue buscando, no lo descubrirá; y aunque el sabio pretenda saberlo, no lo averiguará.