Eclesiastés 5
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando presentes un asunto a Dios, que no te precipiten los labios ni te arrastre el pensamiento. Dios está en el cielo y tú en la tierra: sean tus palabras contadas.
2En lo que soñamos asoman nuestras preocupaciones, en las muchas palabras se escucha al necio.
3Una vez hecha una promesa a Dios, no tardes en cumplirla; no le agradan los necios, lo prometido cúmplelo.
4Mejor no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas.
5No dejes que tu boca te haga reo de pecado ni digas después al mensajero que fue por inadvertencia; pues Dios se irritará al oírte y hará fracasar tus empresas.
6Muchas preocupaciones traen pesadillas, muchas palabras traen vanidades; tú teme a Dios.
7Si ves en una provincia oprimido el pobre, conculcados el derecho y la justicia, no te extrañes de tal situación: cada autoridad tiene una superior, y una suprema vigila sobre todas.
8Con todo, sale ganando el país si el rey está al servicio del campo.
9El codicioso no se harta de dinero y el avaro no lo aprovecha: también esto es vanidad.
10Aumentan los bienes y aumentan los que se los comen, y lo único que saca el dueño es verlo con sus ojos.
11Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco; el que se harta de riquezas no logra conciliar el sueño.
12Hay un mal morboso que he observado bajo el sol: riquezas guardadas que perjudican al dueño.
13En un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nació se queda con las manos vacías.
14Como salió del vientre de su madre, así volverá: desnudo; y nada se llevará del trabajo de sus manos.
15También esto es un mal morboso: tiene que irse igual que vino, y ¿qué sacó de tanto trabajo? Viento.
16Para colmo, toda su vida come en tinieblas, entre muchos disgustos, enfermedades y rencores.
17Ésta es mi conclusión: lo bueno y lo que vale es comer, beber y disfrutar a cambio de lo que se fatiga el hombre bajo el sol los pocos años que Dios le concede. Tal es su paga.
18Si a un hombre le concede Dios riquezas y posesiones y la capacidad de comer de ellas, de llevarse su porción y disfrutar de sus fatigas, eso sí que es don de Dios.
19No pensará mucho en los años de su vida si Dios inunda de alegría su corazón.