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Deuteronomio 29

Biblia del Peregrino (1993)

1Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Vosotros sois testigos de todo lo que el Señor hizo en Egipto contra el faraón, sus ministros y todo su país:

2aquellas grandes pruebas que vieron vuestros ojos, aquellos grandes signos y prodigios;

3pero el Señor no os ha dado inteligencia para entender, ni ojos para ver, ni oídos para escuchar hasta hoy:

4Yo os he hecho caminar cuarenta años por el desierto: no se os gastaron los vestidos que llevabais ni se os gastaron las sandalias de los pies;

5no comisteis pan ni bebisteis vino ni licor; para que reconozcáis que yo, el Señor, soy vuestro Dios.

6Al llegar a este lugar, Sijón, rey de Jesbón, y Og, rey de Basán, nos salieron al encuentro en son de guerra; los vencimos,

7conquistamos sus territorios y se los dimos en heredad a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés.

8Por eso guardaréis los términos de esta alianza y los cumpliréis, y así prosperaréis en todas vuestras obras.

9Vosotros os habéis colocado hoy en presencia del Señor, vuestro Dios vuestros jefes de tribu, concejales y magistrados y todos los hombres de Israel;

10vuestros niños y mujeres y los inmigrantes que están en el campamento: tus aguadores y leñadores

11para entrar en alianza con el Señor, tu Dios, y aceptar el pacto que el Señor, tu Dios, concluye contigo hoy;

12en virtud de él, te constituye hoy pueblo suyo, y él será tu Dios, como te dijo y como había jurado a tus padres, a Abrahán, Isaac y Jacob.

13No sólo con vosotros concluyo esta alianza y este pacto;

14lo concluyo con el que está hoy aquí con nosotros, en presencia del Señor, y con el que hoy no está aquí con nosotros.

15Vosotros sabéis que habitamos en Egipto y que cruzamos por medio de todos aquellos pueblos,

16visteis sus ídolos monstruosos, de piedra y leño, de plata y oro.

17Que no haya nadie entre vosotros, hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor, vuestro Dios, yendo a dar culto a los dioses de estos pueblos; que no arraiguen en vosotros plantas amargas y venenosas,

18alguien que al escuchar los términos de este pacto se felicite diciendo por dentro: Tendré paz aunque siga en mi obstinación; pues se acabarán secano y regadío,

19porque el Señor no está dispuesto a perdonarlo; su ira y su celo echarán humo contra ese hombre, se asentará sobre él la maldición de este código, y el Señor borrará su nombre bajo el cielo;

20el Señor lo apartará, para su perdición, de todas las tribus de Israel, según las maldiciones que sancionan la alianza, escritas en este código.

21Las generaciones venideras, los hijos que os sucedan y los extranjeros que vengan de lejanas tierras, cuando vean las plagas de esta tierra, las enfermedades con que la castigará el Señor

22azufre y sal, tierra calcinada, donde no se siembra, ni brota, ni crece la hierba, catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, Adamá y Seboín, arrasadas por la ira y la cólera del Señor ,

23todos esos pueblos se preguntarán: ¿Por qué trató el Señor así a esta tierra? ¿Qué significa esta cólera terrible?

24Y les responderán: Porque abandonaron la alianza del Señor, Dios de sus padres, el pacto que hizo con ellos al sacarlos de Egipto,

25porque fueron a dar culto a dioses extranjeros, postrándose ante ellos dioses que no conocían, dioses que no les había asignado ;

26por eso la ira del Señor se encendió contra esta tierra, haciendo recaer sobre ella todas las maldiciones escritas en este código;

27por eso el Señor los arrancó de su suelo, con ira, furor e indignación, y los arrojó a una tierra extraña, como sucede hoy.

28Lo oculto es del Señor, nuestro Dios; lo revelado es nuestro y de nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todos los artículos de esta ley.

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