2 Reyes 19
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando el rey Ezequías lo oyó, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y fue al templo;
2y despachó a Eliacín, mayordomo de palacio; a Sobná, el secretario, y a los sacerdotes más ancianos, vestidos de sayal, para que fueran a decirle al profeta Isaías, hijo de Amós:
3Así dice Ezequías: Hoy es un día de angustia, de castigo y de vergüenza; los hijos llegan al parto y no hay fuerza para darlos a luz.
4Ojalá oiga el Señor, tu Dios, las palabras del copero mayor, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para ultrajar al Dios vivo, y castigue las palabras que el Señor, tu Dios, ha oído. ¡Reza por el resto que todavía subsiste!
5Los ministros del rey Ezequías se presentaron a Isaías,
6y éste les dijo: Decid a vuestro señor: Así dice el Señor: No te asustes por esas palabras que has oído, por las blasfemias de los criados del rey de Asiria.
7Yo mismo le meteré un espíritu, y cuando oiga cierta noticia, se volverá a su país, y allí lo haré morir a espada.
8El copero mayor regresó y encontró al rey de Asiria combatiendo contra Libna, porque había oído que se había retirado de Laquis
9al recibir la noticia de que Tarjaca, rey de Etiopía, había salido para luchar contra él. Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías a decirle:
10Decid a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria.
11Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países: exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?
12¿Los salvaron a ellos los dioses de los pueblos que destruyeron mis predecesores: Gozán, Jarán, Résef, y los edenitas de Telasar?
13¿Dónde está el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Sefarvain, de Hená y de Avá?
14Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor
15y oró: Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines: Tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra.
16Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo.
17Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio,
18han quemado todos sus dioses porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, madera y piedra y los han destruido.
19Ahora, Señor, Dios nuestro sálvanos de su mano para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.
20Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria.
21Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén.
22¿A quién has ultrajado e insultado, contra quién has alzado la voz y levantado tus ojos a lo alto? ¡Contra el Santo de Israel!
23Por medio de tus mensajeros has ultrajado al Señor, has dicho: Con mis numerosos carros he subido a las cimas de los montes, a las cumbres del Líbano; he talado sus más altos cedros y sus mejores cipreses; entré en su último reducto, en la espesura de su bosque.
24Alumbré y bebí aguas extranjeras, sequé bajo la planta de mis pies todos los canales de Egipto.
25Pero, ¿no lo has oído? Desde antiguo lo decidí, en tiempos remotos lo preparé y ahora lo realizo; por eso tú reduces sus plazas fuertes a montones de escombros.
26Sus habitantes, faltos de fuerza, con la vergüenza de la derrota, fueron como pasto del campo, como verde de los prados, como la hierba de las azoteas, que se quema antes de crecer.
27Sé cuándo te sientas y cuándo te levantas, cuándo entras y sales;
28porque te agitas contra mí y tu arrogancia sube a mis oídos, te pondré mi argolla en la nariz y mi freno en el hocico, y te llevaré por el camino por donde viniste.
29Esto te servirá de señal: Éste año comeréis el grano abandonado; el año que viene, lo que brote sin sembrar; el año tercero sembraréis y segaréis plantaréis viñas y comeréis sus frutos.
30De nuevo el resto de la Casa de Judá echará raíces por abajo y dará frutos por arriba;
31porque de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los sobrevivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá!
32Por eso así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud;
33por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad oráculo del Señor .
34Yo defenderé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo.
35Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Por la mañana, al despertar, los encontraron ya cadáveres.
36Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
37Y un día, mientras estaba postrado en el templo de su dios Nisroc, Adramélec y Saréser lo asesinaron, y escaparon al territorio de Ararat. Su hijo Asaradón le sucedió en el trono.