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2 Pedro 1

Biblia del Peregrino (1993)

1Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que comparten con nosotros el privilegio de la fe, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo:

2que la gracia y la paz abunden en vosotros por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.

3El poder divino nos ha otorgado cuanto conduce a la vida y la piedad, por medio del conocimiento del que nos llamó con su propia gloria y mérito.

4Con ellas nos ha otorgado las promesas más grandes y valiosas, para que por ellas participéis de la naturaleza divina y escapéis de la corrupción que habita en el mundo por la concupiscencia.

5Así pues, no ahorréis esfuerzos por añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento,

6al conocimiento el dominio propio, al dominio propio la paciencia, a la paciencia la piedad,

7a la piedad el afecto fraterno, al afecto fraterno el amor.

8Si poseéis esos dones en abundancia no quedaréis inertes ni estériles para conocer a nuestro Señor Jesucristo.

9Y quien no los posee está ciego y va a tientas, olvidado de que lo han purificado de sus viejos pecados.

10Por tanto, hermanos, esforzaos por afianzar vuestra vocación y elección. Si obráis así, no tropezaréis;

11antes bien os darán generosamente entrada en el reino perpetuo del Señor nuestro y salvador Jesucristo.

12Por tanto, aunque lo sabéis y estáis firmes en la verdad poseída pienso recordároslo siempre;

13y mientras vivo en esta morada, juzgo oportuno teneros en vela con ese recuerdo.

14Pues sé que pronto dejaré esta morada, como me ha informado el Señor nuestro Jesucristo.

15Y me esforzaré para que, después de mi partida, preservéis este recuerdo.

16Pues cuando os anunciamos el poder y la venida del Señor nuestro Jesucristo, no nos guiábamos por fábulas ingeniosas, sino que habíamos sido testigos de su grandeza:

17cuando recibió de Dios Padre honor y gloria, por una voz que le llegó desde la sublime Majestad: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto.

18Esa voz llegada del cielo la oímos nosotros cuando estábamos con él en la montaña santa.

19Con ello se nos confirma el mensaje profético, y vosotros haréis bien en prestarle atención, como a lámpara que alumbra en la oscuridad, hasta que amanezca el día y el astro matutino amanezca en vuestras mentes.

20Pues habéis de saber ante todo que ninguna profecía se encomienda a la interpretación privada,

21pues la profecía nunca sucedió por iniciativa humana, sino que los hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo.

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