2 Corintios 4
Biblia del Peregrino (1993) ›1Por eso, habiendo recibido este ministerio por pura misericordia, no nos acobardamos;
2antes bien, renunciamos a la vergonzosa clandestinidad. No procedemos con astucia, falsificando la Palabra de Dios, sino que, declarando la verdad, nos encomendamos delante de Dios a la conciencia de quien sea.
3Y si nuestra Buena Noticia está velada, la está para los que se pierden:
4a quienes por su incredulidad el dios de este mundo les ha cegado la mente para que no les amanezca la claridad de la gloriosa Buena Noticia del Mesías, que es imagen de Dios.
5No nos anunciamos a nosotros, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús.
6El mismo Dios que mandó a la luz brillar en la tiniebla, iluminó vuestras mentes para que brille en el rostro del Mesías la manifestación de la gloria de Dios.
7Ese tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que su fuerza superior procede de Dios y no de nosotros.
8Por todas partes nos aprietan, pero no nos ahogan; estamos apurados, pero no desesperados;
9somos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no aniquilados;
10siempre transportando en el cuerpo la muerte de Jesús, para que se manifieste en nuestro cuerpo la vida de Jesús.
11Continuamente nosotros, los que vivimos, estamos expuestos a la muerte por causa de Jesús, de modo que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
12Así la muerte actúa en nosotros, la vida en vosotros.
13Pero como poseemos el mismo espíritu de fe conforme está escrito: creí y por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos,
14convencidos de que quien resucitó al Señor Jesús, nos resucitará a nosotros con Jesús y nos llevará con vosotros a su presencia.
15Todo es por vosotros, de modo que, al multiplicarse la gracia entre muchos, abunde la acción de gracias a gloria de Dios.
16Por tanto no nos acobardamos: si nuestro exterior se va deshaciendo, nuestro interior se va renovando día a día.
17A nosotros, que tenemos la mira puesta en lo invisible, no en lo visible, la tribulación presente, liviana, nos produce una carga incalculable de gloria perpetua,
18pues lo visible es transitorio, lo invisible es eterno.