1 Timoteo 3
Biblia del Peregrino (1993) ›1He aquí una norma de fiar: Si uno aspira al episcopado, desea una tarea importante.
2Pues el obispo ha de ser intachable, fiel a su mujer, sobrio, modesto, cortés, hospitalario, buen maestro,
3no bebedor ni pendenciero, sino amable, pacífico, desinteresado;
4ha de regir su familia con acierto, manteniendo sumisos a los hijos, con toda dignidad;
5pues si uno no sabe regir la propia familia, ¿cómo se ocupará de la Iglesia de Dios?
6No sea recién convertido, no se vaya a envanecer y a incurrir en la condena del Diablo.
7Es conveniente tener buena fama entre los de fuera, para que no se desacredite y no lo enrede el Diablo.
8Asimismo los diáconos sean dignos, sin doblez, no dados a la bebida ni al lucro vergonzoso;
9han de conservar con conciencia limpia el misterio de la fe.
10También ellos han de ser probados primero, y si resultan irreprochables, ejercerán su ministerio.
11Asimismo las mujeres sean dignas, no murmuradoras, sobrias, de fiar en todo.
12Los diáconos sean fieles a sus mujeres, buenos jefes de sus hijos y de su casa.
13Pues los que ejercen bien el diaconado alcanzan un rango elevado y autoridad en cuestiones de fe cristiana.
14Te escribo esto aunque espero visitarte pronto;
15y si me retraso, para que sepas cómo comportarte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y base de la verdad.
16Grande es, sin duda, el misterio de nuestra religión: Se manifestó corporalmente, lo rehabilitó el Espíritu, se apareció a los ángeles, fue proclamado a los paganos, fue creído en el mundo y exaltado en la gloria.