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1 Corintios 15

Biblia del Peregrino (1993)

1Ahora, hermanos, quiero comunicaros la Buena Noticia que os anuncié: la que aceptasteis y mantenéis,

2la que os salva, con tal de que conservéis el mensaje que os anuncié; de lo contrario habríais aceptado la fe en vano.

3Ante todo, yo os transmití lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados según las Escrituras,

4que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras,

5que se apareció a Cefas y después a los Doce;

6después se apareció a más de quinientos hermanos de una sola vez: la mayoría viven todavía, algunos murieron ya;

7después se apareció a Santiago y después a todos los apóstoles.

8Por último se me apareció a mí, que soy como un aborto.

9Pues yo soy el último entre los apóstoles y no merezco el título de apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios.

10Gracias a Dios soy lo que soy, y su gracia en mí no ha resultado vana, ya que he trabajado más que todos ellos; no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

11Lo mismo yo que ellos, esto es lo que proclamamos y lo que habéis creído.

12Ahora bien, si se proclama que el Mesías resucitó de la muerte, ¿cómo decís algunos que no hay resurrección de muertos?

13Si no hay resurrección de muertos, tampoco el Mesías ha resucitado;

14y si el Mesías no ha resucitado, es vana nuestra proclamación, es vana nuestra fe.

15Y nosotros resultamos ser testigos falsos de Dios, pues testimoniamos contra Dios diciendo que resucitó al Mesías siendo así que no lo resucitó, ya que los muertos no resucitan.

16Pues si los muertos no resucitan, tampoco el Mesías ha resucitado.

17Y si el Mesías no ha resucitado, vuestra fe es ilusoria, y todavía vivís en vuestros pecados,

18y los que murieron como cristianos perecieron para siempre.

19Si hemos puesto nuestra esperanza en el Mesías sólo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión.

20Ahora bien, el Mesías ha resucitado de la muerte, primicia de los que han muerto.

21Ya que, si por un hombre vino la muerte, por un hombre viene la resurrección de los muertos.

22Como todos mueren por Adán, todos recobrarán la vida por el Mesías.

23Cada uno en su turno: la primicia es el Mesías, después, cuando él vuelva, los cristianos;

24después vendrá el fin, cuando entregue el reino a Dios Padre y acabe con todo principiado, autoridad y poder.

25Pues él tiene que reinar hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies;

26el último enemigo en ser destruido es la muerte.

27Todo lo ha sometido bajo sus pies: al decir que todo le está sometido, es evidente que se excluye a aquel que se le somete.

28Cuando todo le quede sometido, también el Hijo se someterá al que le sometió todo, y así Dios será todo para todos.

29Si no fuera así, ¿qué hacen los que se bautizan por los muertos? Si los muertos no resucitan, ¿por qué se bautizan por ellos?

30¿Por qué nosotros nos exponemos a todas horas al peligro?

31Día a día estoy muriendo. Lo juro, [hermanos, por el orgullo que siento de vosotros ante el Mesías Jesús Señor nuestro.

32Si por motivos humanos luché con las fieras en Éfeso, ¿de qué me sirvió? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.

33No os llaméis a engaño: las malas compañías corrompen las costumbres.

34Sed sobrios como conviene y dejad de pecar, pues algunos tienen ignorancia de Dios para vergüenza vuestra lo digo .

35Pero preguntará alguno: ¿Cómo resucitan los muertos?, ¿con qué cuerpo salen?

36¡Necio! Lo que tú siembras no cobra vida si antes no muere.

37Lo que siembras no es el organismo que surgirá, sino un grano desnudo, de trigo o de lo que sea;

38y Dios le da el cuerpo que quiere, a cada simiente su cuerpo.

39No son iguales todas las carnes. Son diversas las carnes del hombre, la de las reses, la de las aves, la de los peces.

40Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres. Uno es el resplandor de los celestes y otro el de los terrestres.

41Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de los astros; un astro se distingue de otro en resplandor.

42Así pasa con la resurrección de los muertos:

43se siembra corruptible, resucita incorruptible; se siembra sin honor, resucita glorioso; se siembra débil, resucita poderoso;

44se siembra un cuerpo animal, resucita un cuerpo espiritual. Si existe un cuerpo animal, existe también un cuerpo espiritual.

45Así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en un ser vivo; el último Adán se hizo un espíritu que da vida.

46No fue primero el espiritual, sino el animal, y después el espiritual.

47El primer hombre procede de la tierra y es terreno, el segundo hombre procede del cielo.

48Como fue el terrestre son los terrestres; como es el celeste serán los celestes.

49Como hemos llevado la imagen del terrestre, llevaremos también la imagen del celeste.

50Hermanos, os digo que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción heredará la incorruptibilidad.

51Os comunico un secreto: no todos moriremos, pero todos nos transformaremos.

52En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al último toque de trompeta que tocará, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros nos transformaremos.

53Esto corruptible tiene que revestirse de incorruptibilidad y lo mortal tiene que revestirse de inmortalidad.

54Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal de inmortalidad, se cumplirá lo escrito: La muerte ha sido aniquilada definitivamente.

55¿Dónde queda, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde queda, oh muerte, tu aguijón?

56El aguijón de la muerte es el pecado, el poder del pecado es la ley.

57Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

58En conclusión, queridos hermanos, Estad firmes, inconmovibles, progresando siempre en la tarea del Señor, convencidos de que vuestra fatiga por el Señor no será vana.

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