Lamentaciones 4
Nueva Biblia de Jerusalén (1998) ›1Cuarta lamentación Álef. ¡Qué Jr 6:27-30 deslucido quedó el oro, qué pálido el oro más fino! Las piedras sagradas están esparcidas por las esquinas de todas las calles 4:1 El oro y las piedras sagradas simbolizan la población de Jerusalén. .
2Bet. Los nobles hijos de Sión, valiosos lo mismo que el oro, ¡cuentan como vasos de arcilla, obra de manos de Jr 19:11 alfarero!
3Guímel. Hasta los chacales desnudan las ubres para dar de mamar a sus cachorros; mas la capital de mi pueblo se ha vuelto cruel como las avestruces Jb 39:13-17 del desierto.
4Dálet. La lengua del niño de pecho se pega de sed al paladar; los Lm 2:11-12 pequeñuelos piden pan: no hay quien se lo reparta.
5He. Los que comían manjares deliciosos desfallecen en medio de las calles; los que se criaron entre púrpura revuelven los estercoleros.
6Vau. La culpa de la capital supera al pecado mismo de Sodoma, que fue Gn 19 aniquilada en un instante sin que mano humana interviniera.
7Zain. Sus nazireos 4:7 «nazireos», jóvenes selectos, ver Nm 6 +. , limpios como la nieve, eran más blancos que la leche; su cuerpo más rojo que el coral, era un zafiro su figura.
8Jet. Más negro es su semblante que el hollín, nadie ya los reconoce por las calles; su piel, pegada a sus huesos, seca está como madera.
9Tet. Más dichosos son los muertos a espada que los muertos por el hambre, que extenuados sucumben 4:9 Lit. «que se disipan, traspasados», tal vez en el sentido de que han quedado como transparentes por el hambre. , por falta de alimento.
10Yod. Manos Lm 2:20 de tiernas mujeres cocieron a sus hijos: triste alimento para ellas mientras sucumbe la capital.
11Kaf. Yahvé apuró su furor, derramando el ardor de su cólera; encendió Lm 2:3 un fuego en Sión que ha devorado sus cimientos.
12Lámed. Nunca creyeron los reyes de la tierra ni cuantos habitan en el mundo, que el adversario y el enemigo entrarían por las puertas de Jerusalén.
13Mem. ¡Fue por Jr 6:13 los pecados de sus profetas, por las culpas de sus sacerdotes, que en medio Ez 7:23 de ella derramaron sangre de gente inocente!
14Nun. Vagaban por las calles como ciegos, todos manchados Nm 35:32-33 de sangre, sin que nadie pudiera tocar sus vestidos.
15Sámek. «¡Apartaos! Lv 13:45 ¡Impuro!», les gritaban, «¡Apartaos, apartaos! ¡No tocar!» Si erraban por naciones, se decía: «¡No seguirán de huéspedes aquí 4:15 Los culpables son tratados como leprosos. !»
16Pe. El Rostro de Yahvé los dispersó, para no volver a mirarlos. Los sacerdotes no fueron respetados, no hubo piedad para los ancianos.
17Ain. Nuestros ojos se iban consumiendo esperando un socorro: ¡ilusión! Oteábamos desde nuestros oteros a un pueblo 4:17 Egipto, aliado de la última guerra. incapaz Ez 29:6 ; Jr 37:7 de salvar.
18Sade. Nuestros pasos eran vigilados, nos prohibían andar por las plazas. Cerca estaba nuestro fin, cumplidos nuestros días, sí, llegaba nuestro fin.
19Qof. Nos perseguían hombres veloces, más que las águilas del cielo; nos iban acosando por los montes, en el desierto nos tendían celadas.
20Res. Nuestro aliento, el ungido de Yahvé 4:20 Sedecías, ver 2 R 25:6 . -«Nuestro aliento», lit.«el soplo de nuestras narices», es decir nuestra vida misma. , ha quedado preso 2 R 25:5-6 en sus trampas. De él decíamos: «¡A su sombra viviremos entre las naciones!»
21Sin. ¡Disfruta, exulta, capital de Edom, que habitas en Jr 25:16 ; Is 51:17+ ; Gn 9:21 ; Ha 2:15s el país de Us 4:21 Us. ver Gn 36:28 ; Jb 1:1 ; los pueblos vecinos, Moab, Amón y sobre todo Edom, lejos de ayudar a Israel vencido, se aprovecharon de su derrota, ver Is 34:5+ ; de ahí los anatemas contra Edom frecuentes en la literatura profética post-exílica, ver Is 34; Ez 25. ! ¡También a ti llegará la copa: te embriagarás y te desnudarás!
22Tau. ¡Has Is 40:2 expiado tu culpa, capital de Sión; ya no volverá a desterrarte! ¡Pero castigará Sal 137:7 tu culpa, capital de Edom, pondrá al desnudo tus pecados!