2 Macabeos 3
Nueva Biblia de Jerusalén (1998) ›12 MACABEOS 3 2M 1 - 2M 2 - 2M 3 - 2M 4 - 2M 5 - 2M 6 - 2M 7 - 2M 8 - 2M 9 - 2M 10 - 2M 11 - 2M 12 - 2M 13 - 2M 14 - 2M 15 Índice de libros III. Historia de Heliodoro Cap. 3 El autor ha conservado del libro de Jasón este episodio lleno de imágenes, porque ilustra su tesis, expresada en 2 M 3:39 . Los hechos ocurren en tiempos de Seleuco IV Filopátor (187-175). No es de extrañar que este monarca quisiera apoderarse de las riquezas del templo; realmente se hallaba muy escaso de dinero a causa de la pesada deuda que con Roma había contraído su padre Antíoco III después de la derrota de Magnesia (189), ver 1 M 8:7 . Llegada de Heliodoro a Jerusalén. Mientras la ciudad santa era habitada en completa paz y las leyes guardadas a la perfección, gracias a la piedad y al aborrecimiento del mal del sumo sacerdote Onías 3:1 Onías III, que es alabado en 2 M 4:5-6 ; 2 M 15:12 , es el hijo de Simón II, del que Si 50:1s hace también un bello elogio. Los Oníadas continúan el linaje de los sumos sacerdotes de la época persa, que desciende de Josué, ver Ne 12:10s , un descendiente de Sadoc, ver 2 S 8:17 ; 1 Cro 5:27s [ 1 Cro 6:1 ]. ,
2sucedía que hasta los reyes veneraban el Lugar Santo y honraban el templo con magníficos presentes,
3hasta el punto de que Seleuco, rey de Asia, proveía con sus propias rentas a todos los gastos necesarios para el servicio de los sacrificios 3:3 Tolomeo II y Tolomeo III de Egipto, así como Antíoco III de Siria, habían también distinguido al templo con sus donativos el siglo anterior. Ver 1 M 10:39s (para Demetrio I). .
4Pero un tal Simón, de la tribu de Bilgá 3:4 «Bilgá» Vet. Lat. y arm.; «Benjamín» griego. Es un linaje sacerdotal, ver Ne 12:5 , Ne 12:18 . -El administrador llevaba la gestión financiera del templo. , constituido administrador del templo, tuvo diferencias con el sumo sacerdote sobre la reglamentación del mercado de la ciudad.
5No pudiendo vencer a Onías, se fue donde Apolonio, hijo de Traseo, estratega por entonces de Celesiria y Fenicia,
6y le comunicó que el tesoro de Jerusalén estaba repleto de riquezas incontables, hasta el punto de ser incalculable la cantidad de dinero, sin equivalencia con los gastos de los sacrificios, y que era posible que cayeran en poder del rey.
7Apolonio, en conversación con el rey, le habló de las riquezas de que había tenido noticia, y entonces el rey designó a Heliodoro, el encargado de sus negocios, y lo envió con la orden de realizar la transferencia de las mencionadas riquezas.
8Heliodoro emprendió en seguida el viaje con el pretexto de inspeccionar las ciudades de Celesiria y Fenicia, cuando en realidad iba a ejecutar el proyecto del rey.
9Llegado a Jerusalén y amistosamente acogido por el sumo sacerdote y por la ciudad, expuso el hecho de la denuncia e hizo saber el motivo de su presencia; preguntó si las cosas eran realmente así.
10Manifestó el sumo sacerdote que eran depósitos de viudas y huérfanos,
11que una parte pertenecía a Hircano, hijo de Tobías, personaje de muy alta posición 3:11 (a) Gobernador de la Amanítida, ver 1 M 5:13+ . y que, contra lo que había calumniado el impío Simón, el total era de cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro 3:11 (b) Lo depositado ascendería a 10.500 kg de plata y 5.250 kg de oro, cifra poco probable. ;
12que de ningún modo se podía perjudicar a los que tenían puesta su confianza en la santidad del Lugar y en la majestad inviolable de aquel templo venerado en todo el mundo.
13Conmoción de la ciudad. Pero Heliodoro, en virtud de las órdenes del rey, mantenía de forma terminante que los bienes debían pasar al tesoro real.
14En la fecha fijada hacía su entrada para realizar el inventario de los bienes. No era pequeña la angustia en toda la ciudad:
15los sacerdotes, postrados ante el altar con sus vestiduras sacerdotales, suplicaban al Cielo, el que había dado la ley sobre los bienes en depósito, que los guardara intactos para quienes los habían depositado.
16El ver la figura del sumo sacerdote llegaba a partir el alma, pues su aspecto y su color demudado manifestaban la angustia de su alma.
17Aquel hombre estaba embargado de miedo y temblor en su cuerpo, con lo que mostraba a los que le contemplaban el dolor que había en su corazón.
18De las casas salía en tropel la gente a una rogativa pública, pues el lugar estaba a punto de caer en el oprobio.
19Las mujeres, ceñidas de sayal bajo el pecho, llenaban las calles; de las jóvenes, que estaban recluidas, unas corrían a las puertas, otras subían a los muros, otras se asomaban por las ventanas.
20Todas, con las manos tendidas al cielo, tomaban parte en la súplica.
21Daba compasión aquella multitud confusamente postrada y el sumo sacerdote angustiado en honda ansiedad.
22Mientras ellos invocaban al Señor Todopoderoso para que guardara intactos, en completa seguridad, los bienes en depósito para quienes los habían confiado,
23Heliodoro llevaba a cabo lo que tenía decidido.
24Castigo de Heliodoro. Estaba ya allí mismo con su guardia junto al Tesoro, cuando el Soberano de los Espíritus y de toda Potestad se manifestó en su grandeza, de modo que todos los que con él juntos se habían atrevido a acercarse, pasmados ante el poder de Dios, se volvieron débiles y cobardes.
25Pues 2 M 5:4+ se les apareció un caballo montado por un jinete terrible y guarnecido con riquísimo arnés; lanzándose con ímpetu levantó contra Heliodoro sus patas delanteras. El que lo montaba aparecía con una armadura de oro.
26Se le aparecieron además otros dos jóvenes de notable vigor, espléndida belleza y magníficos vestidos, que, colocándose a ambos lados, le azotaban sin cesar, moliéndolo a golpes.
27Al caer de pronto a tierra, rodeado de densa oscuridad, lo recogieron y lo pusieron en una litera;
28al mismo que poco antes, con numeroso séquito y con toda su guardia, había entrado en el mencionado Tesoro, lo llevaban ahora incapaz de valerse por sí mismo, reconociendo todos claramente la soberanía de Dios.
29Mientras él yacía mudo y privado de toda esperanza de salvación, a causa del poder divino,
30otros bendecían al Señor que había glorificado maravillosamente su propio Lugar; y el templo, lleno poco antes de miedo y turbación, rebosaba de gozo y alegría después de la manifestación 3:30 En griego epifaineszai, ver 2 M 2:21 . La literatura judía y pagana de la época grecorromana está llena de «epifanías» y «teofanías», que de algún modo eran una ilustración de la omnipotencia divina. Aquí, el relato procede de Jasón, ver 2 M 2:23+ . La intervención de Dios es real, pero desconocemos su modo. del Señor Todopoderoso.
31Pronto algunos de los acompañantes de Heliodoro instaban a Onías a que invocara al Altísimo para que diese la gracia de vivir a aquel que yacía ya en su último suspiro.
32Temiendo el sumo sacerdote que acaso el rey sospechara que los judíos hubieran perpetrado alguna fechoría contra Heliodoro, ofreció un sacrificio por la salud de aquel hombre.
33Mientras el sumo sacerdote ofrecía el sacrificio de expiación, se aparecieron otra vez a Heliodoro los mismos jóvenes, vestidos con la misma indumentaria y en pie le dijeron: «Da muchas gracias al sumo sacerdote Onías, pues por él te concede el Señor la gracia de vivir;
34y tú, que has sido azotado por el Cielo, haz saber a todos la grandeza del poder de Dios.» En diciendo esto, desaparecieron.
35Conversión de Heliodoro. Heliodoro, habiendo ofrecido al Señor un sacrificio y tras haber orado largamente al que le había concedido la vida, se despidió de Onías y volvió con sus tropas adonde el rey.
36Ante todos daba testimonio de las obras del Dios grande que él había contemplado con sus ojos.
37Al preguntar el rey a Heliodoro a quién convendría enviar otra vez a Jerusalén, él respondió:
38«Si tienes algún enemigo conspirador contra el Estado, mándalo allá y te volverá molido a azotes, si es que salva su vida, porque te aseguro que rodea a aquel Lugar una fuerza divina.
39Pues el mismo que tiene en los cielos su morada, vela y protege aquel Lugar; y a los que se acercan con malas intenciones los hiere de muerte.»
40Así sucedieron las cosas relativas a Heliodoro y a la preservación del Tesoro.