2 Macabeos 15
Sagrada Biblia (Jünemann) ›12 MACABEOS 15 2M 1 - 2M 2 - 2M 3 - 2M 4 - 2M 5 - 2M 6 - 2M 7 - 2M 8 - 2M 9 - 2M 10 - 2M 11 - 2M 12 - 2M 13 - 2M 14 - 2M 15 Índice de libros Visión de Jeremías. Nicanor es desmembrado. Pero Nicanor averiguando que los en torno de Judas están en los lugares de Samaria, determinó atacarlos el día del reposo con toda seguridad.
2Mas los judíos que por fuerza, le seguían le dijeron: «De ningún modo tan fiera y bárbaramente extermines, sino que gloria tributa al día de antes, honrado por el que todo lo ve, con santidad»;
3El tres veces malvado preguntó si hay en el cielo un potentado que haya ordenado celebrar el día de los sábados.
4Y ellos respondiendo: «Es el Señor vivo mismo, en el cielo potentado, el que ha mandado guardar el séptimo día».
5Pero el otro: «Y yo digo que hay un soberano sobre la tierra, el que ordenó alzar las armas y los cumplir reales negocios». Sin embargo, no consiguió cumplir su terrible propósito.
6Mientras Nicanor, con toda altanería erguido de cerviz, había resuelto levantar como común de los en torno de Judas, un trofeo.
7El Macabeo, empero, estaba sin cesar confiado, con toda esperanza, en que el amparo alcanzaría del Señor;
8y exhortaba a los con él a no temer la de las gentes venida, teniendo en la mente las ayudas antes hechas a ellos del cielo;
9y por ahora aguardar a que del Todopoderoso había de venirles victoria y ayuda y, hablándoles en la ley y los profetas, y rememorándoles también los combates que había rematado, más animosos púsolos.
10Y de los ánimos levantándolos, amonestaba; a la vez manifestando la de las gentes deslealtad y la de los juramentos transgresión.
11Y a cada uno de ellos armando, no de la de escudos y lanzas seguridad, cuanto de la en las buenas palabras exhortación; y refiriendo a la vez un sueño, cierta fidedigna visión, a todos regocijó.
12Y era la de éste vista tal: Que Onías, el que fue sumo sacerdote, varón hermoso a. De índole. y bueno, venerable de aspecto, suave de modo y habla profiriendo decorosamente, y, de niño, muy cuidadosamente ejercitado en todo lo de la verdad propio; a éste b. Vio. las manos extendiendo orar mucho por toda la congregación de los judíos;
13que luego así apareció un varón, de canicie y gloria eximio y con cierta maravillosa y magnificentísima había en su torno excelencia.
14Y que respondiendo Onías dijo: «El amador de sus hermanos éste es; el que mucho ora por el pueblo y la sagrada ciudad de Jerusalén, Jeremías el profeta de Dios».
15Y que, extendiendo Jeremías la diestra, entregó a Judas una espada áurea; y que, al darla exclamó esto:
16«Toma la sacra espada, don de Dios, con la cual herirás a los adversarios».
17Y consolados por las palabras de Judas, del todo hermosas y poderosas para incitar valentía, y a los jóvenes erguir, determinaron no acampar sino generosamente arremeter, y con toda hombría atacando, decidir las cosas; porque también la ciudad y el santo y el santuario peligraban.
18Pues estaba el por las mujeres e hijos igualmente hermanos y parientes, en menor parte puesto para ellos el cuidado; pero grandísimo y primero el temor por el consagrado templo.
19Y tenían también los en la ciudad dejados no secundario cuidado, perturbados por la bajo cielo abierta contienda.
20Y todos ya aguardando la venidera decisión y ya mezclándose los enemigos y, el ejército ordenado; y las bestias c. Elefantes. en parte oportuna constituidas, y la caballería por cuerno apostada;
21considerando el Macabeo, el de las muchedumbres arribo y de las armas el vario aparato y la de las bestias ferocidad, extendiendo las manos al cielo, invocó al Señor hacedor de prodigios, al vidente, conociendo que no es por las armas la victoria; sino según él juzgare, a los dignos concede la victoria.
22Y decía, invocando, de esta manera: «Tú, dominador, enviaste tu ángel, bajo Ezequías, el rey de la Judea, y arrebataste del campamento de Senaquerib hasta ciento ochenta y cinco millares.
23También ahora, soberano de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para temor y temblor.
24Por la grandeza de tu brazo aterrorícense los que con blasfemia, vienen contra tu santo pueblo». Y así en esto habló.
25Pero los en torno de Nicanor, con trompetas y peanes d. Cánticos triunfales. se acercaban.
26Mas los en torno de Judas con invocación y oraciones atacaron a los enemigos.
27Y con las manos combatiendo, derribaron nada menos de miríadas tres y cinco mil, por la de Dios grandemente regocijados manifestación.
28Y, cesando en la labor, y con gozo retornando, conocieron al que había caído, Nicanor, con la armadura.
29Y hecho clamor y tumulto, bendecían al Potente con la patria voz.
30Y ordenó el en todo, con cuerpo y alma primer combatiente por los ciudadanos, el que de la juventud e. Su juventud, su vida, desde joven. benevolencia para con sus connacionales guardando, que la de Nicanor cabeza cortando y la mano con el hombro llevasen a Jerusalén.
31Y llegando él allí y convocando a los connacionales, y a los sacerdotes, delante del ara puesto, llamó a los del alcázar.
32Y mostrando la del contaminado Nicanor cabeza, y la mano del blasfemo, que extendiendo a la santa del Todopoderoso casa, grandemente se jactó;
33y, la lengua del impío Nicanor cortando, dijo por parte dar a las aves, y los merecidos de la demencia en frente al templo colgar.
34Y todos, al cielo, bendijeron al presente, Señor, diciendo: «Bendigo el que ha conservado su lugar inmaculado».
35Y suspendió la de Nicanor cabeza del alcázar, manifiesta a todos, y claro signo de la ayuda del Señor.
36Y decretaron todos, con común votación, de ningún modo dejar inseñalado este día; y tener señalado el trece del duodécimo mes —Adar, se llama en sira lengua—, un día antes del día de Mardoqueo.
37Habiendo, pues, lo de Nicanor sucedido así, y estando desde aquellos tiempos dominada la ciudad por los hebreos y también yo aquí dejaré la palabra.
38Y si hermoso y acomodado a la historia f. He hablado. , esto yo mismo también he querido; empero si pobre y mediocremente, esto me ha sido alcanzable.
39Pues, al modo que beber solo vino o solo agua no es grato así también; y del modo que vino con agua mezclado es dulce, y agradable y consuma la gracia; así también lo de la disposición del relato siempre uniforme no agrada a los oídos de los que leen la historia. Y aquí será el fin de la obra.