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Salmos 144

Católica Biblia de Jerusalén

1Bendito sea Yahveh, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la batalla;

2él, mi amor y mi baluarte, mi ciudadela y mi libertador, mi escudo en el que me cobijo, el que los pueblos somete a mi poder.

3Yahveh, ¿qué es el hombre para que le conozcas, el hijo de hombre para que en él pienses?

4El hombre es semejante a un soplo, sus días, como sombra que pasa.

5¡Yahveh, inclina tus cielos y desciende, toca los montes, que echen humo;

6fulmina el rayo y desconciértalos, lanza tus flechas y trastórnalos!

7Extiende tu mano desde lo alto, sálvame, líbrame de las muchas aguas, de la mano de los hijos de extranjeros,

8cuya boca profiere falsedad y cuya diestra es diestra de mentira.

9Oh Dios, quiero cantarte un canto nuevo, salmodiar para ti al arpa de diez cuerdas,

10tú que das a los reyes la victoria, que salvas a David tu servidor. De espada de infortunio

11sálvame. líbrame de la mano de extranjeros, cuya boca profiere falsedad y cuya diestra es diestra de mentira.

12Sean nuestros hijos como plantas florecientes en su juventud, nuestras hijas como columnas angulares, esculpidas como las de un palacio;

13nuestros graneros llenos, rebosantes de frutos de toda especie, nuestras ovejas, a millares, a miríadas, por nuestras praderías;

14nuestras bestias bien cargadas; no haya brecha ni salida, ni grito en nuestras plazas.

15¡Feliz el pueblo a quien así sucede feliz el pueblo cuyo Dios es Yahveh!

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