Zacarías 11
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1Abre tus puertas, Líbano; | devore el fuego tus cedros.
2Laméntate, ciprés, | pues ha caído el cedro; | los majestuosos árboles | están asolados. | Lamentaos, robles de Basán, | pues ahí está, por tierra, | el bosque impenetrable.
3Lamento de los pastores, | pues quedó asolado su esplendor; | rugido de los leones, | pues quedó arrasada la espesura del Jordán.
4*11:4-17 Las órdenes divinas de Zac 11:4 y Zac 11:15 indican probablemente que en este pasaje se trata de dos acciones simbólicas virtuales: Zac 11:4-14 y Zac 11:15-17 . El relato de la realización de la primera se desarrolla en Zac 11:5 ; Zac 11:7-14 . La segunda acción no relata su ejecución. La imagen del pastor es tradicional para designar a los dirigentes (véase Eze 34:1-31 ). El tono, en este texto, es más que negativo. Su utilización en el NT es famosa, aunque en otro sentido. «Esto dice el Señor mi Dios: Apacienta las ovejas de matanza,
5esas que ellos compran y matan sin escrúpulos; sus compradores decían: “¡Bendito el Señor que me ha hecho rico!”. Pero los pastores no se compadecieron de ellas.
6Pues ya no volveré a compadecerme de los habitantes del país —oráculo del Señor—. Mirad: voy a entregar a todos y cada uno en manos de su vecino y de su rey, que arrasarán el país, y no los libraré de sus manos.
7Apacenté las ovejas de matanza para los tratantes de ovejas; tomé dos cayados: a uno llamé Bondad y al otro Concordia; y apacenté a las ovejas.
8Eliminé a tres pastores en un mes, pues me harté de ellos y ellos de mí».
9Y dije: «Ya no os apacentaré más; la que tenga que morir, que muera, y la que tenga que desaparecer, que desaparezca; y las que queden, que se coman unas a otras».
10Tomé el cayado Bondad y lo partí, para romper el acuerdo que había contraído con todos los pueblos.
11Aquel día quedó roto, y los tratantes de ovejas que me observaban se dieron cuenta de que era el que había hablado.
12Y les dije: «Si os parece bien, pagadme mi salario; si no, dejadlo». Y contaron mi salario: treinta monedas de plata.
13Me dijo el Señor: «Echa al tesoro el valioso precio en que me han tasado». Cogí las treinta monedas de plata y las eché en el tesoro del templo.
14Rompí el segundo cayado, Concordia, para deshacer la hermandad entre Judá e Israel.
15Me dijo el Señor: «Toma también los aparejos de un mal pastor,
16pues establezco un pastor en el país que no se ocupará de la oveja extraviada, ni buscará a la perdida, ni curará a la maltrecha, ni se preocupará de la sana, sino que se comerá la carne de las gordas y les arrancará las pezuñas».
17¡Ay del pastor inútil | que pierde las ovejas! | La espada le alcanzará | el brazo y hasta el ojo derecho; | se le secará totalmente el brazo, | y el ojo derecho se le cegará.