Zacarías 1
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1ZACARÍAS Está comúnmente admitido que el libro se compone de dos partes. Zac 1:1-21 ; Zac 2:1-13 ; Zac 3:1-10 ; Zac 4:1-14 ; Zac 5:1-11 ; Zac 6:1-15 ; Zac 7:1-14 ; Zac 8:1-23 es obra del profeta Zacarías, que profetizó en los años previos a la consagración del nuevo templo (520-518). Su mensaje y teología están íntimamente relacionados con la historia y los problemas de su tiempo. En cambio, el vocabulario, el estilo, las alusiones históricas en Zac 9:1-17 ; Zac 10:1-12 ; Zac 11:1-17 ; Zac 12:1-14 ; Zac 13:1-9 ; Zac 14:1-21 apuntan a una época posterior y a un escritor diferente, de tinte más escatológico, aunque no apocalíptico. Los temas que aborda son variados y no fáciles de interpretar. El mes octavo del año segundo de Darío, la palabra del Señor fue dirigida al profeta Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Idó, en estos términos:
2*1:2-6 En este oráculo, en que se invita a la conversión, se utiliza como argumento el pasado reciente del pueblo. El uso del verbo «volver/convertirse» sitúa el oráculo en la tradición profética clásica. Apelar a los profetas de antaño supone aceptar su autoridad así como la pretensión de Zacarías de situarse en su misma línea. «El Señor se irritó mucho contra vuestros padres».
3Les dirás: Esto dice el Señor del universo: Volveos a mí —oráculo del Señor del universo— y yo me volveré a vosotros, dice el Señor del universo.
4No seáis como vuestros padres, a quienes predicaron los profetas de antaño diciendo: «Esto dice el Señor del universo: Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras perversas acciones». Pero ni me escucharon ni me hicieron caso —oráculo del Señor—.
5¿Dónde están vuestros padres? Y los profetas, ¿vivirán para siempre?
6¡Ay! ¿No es verdad que mis palabras y mandatos que les di por medio de mis siervos los profetas hicieron mella en vuestros padres y se convirtieron diciendo: «El Señor del universo nos ha tratado como había pensado, según nuestro comportamiento y nuestras acciones»?
7*1:7-17 Encontramos aquí la primera visión propiamente dicha ( Zac 1:7-11 ), seguida de un diálogo entre el mensajero y Dios ( Zac 1:12 s) y de dos mensajes que el profeta debe transmitir ( Zac 1:14-16 y Zac 1:17 ). El día veinticuatro del mes undécimo, el mes de sebat, el año segundo de Darío, la palabra del Señor fue dirigida al profeta Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Idó, en estos términos:
8Tuve una visión nocturna. Había un hombre montado en un caballo rojo entre los mirtos, en la hondonada. Tras él había caballos rojos, alazanes y blancos.
9Pregunté: —Señor, ¿qué caballos son esos? El mensajero que me hablaba me contestó: —Yo te enseñaré qué son.
10El hombre que estaba entre los mirtos tomó la palabra y dijo: —Estos son los que el Señor envió a inspeccionar toda la tierra.
11Respondieron al mensajero del Señor que estaba entre los mirtos: —Hemos inspeccionado la tierra y toda vive en paz.
12Respondió el mensajero del Señor: —Señor del universo, ¿hasta cuándo seguirás sin compadecerte de Jerusalén y de las ciudades de Judá contra las que te enojaste durante setenta años?
13El Señor respondió al mensajero que me hablaba con buenas palabras, con palabras de consuelo.
14Me dijo el mensajero que me hablaba: Proclama lo que sigue: «Esto dice el Señor del universo: Vivo una intensa pasión por Jerusalén; | siento por Sión celos terribles.
15Estoy profundamente irritado | contra los pueblos arrogantes, | pues yo me enojé un poco | y ellos echaron leña al fuego.
16Por eso, esto dice el Señor: | Me vuelvo a Jerusalén con ternura | y se construirá mi templo en ella | —oráculo del Señor del universo—; | se volverá a utilizar el cordón de medir.
17Proclama esto otro: | Esto dice el Señor del universo: | Mis ciudades volverán a rebosar de bienes, | y el Señor consolará de nuevo a Sión | y elegirá de nuevo a Jerusalén».
18(2:1) Levanté los ojos y vi cuatro cuernos.
19(2) Pregunté al mensajero que me hablaba: —¿Qué son esos cuernos? Me respondió: —Son los cuernos que han dispersado a Judá, Israel y Jerusalén.
20(3) El Señor me mostró cuatro herreros.
21(4) Pregunté: —¿Qué andan haciendo esos herreros? Me respondió: —Son los cuernos que dispersaron a Judá hasta que nadie pudo levantar cabeza. Pero vinieron los herreros para espantarlos y expulsar los cuernos de los pueblos que habían alzado su poder contra la tierra de Judá para dispersarlo.