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Salmos 55

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1Salmo 55 (54) *55 Súplica y lamentación individual. Dios no puede hacerse el sordo cuando el creyente pone toda su confianza en él. Siguiendo a los Padres, el salmo puede leerse a la luz de la pasión de Cristo. Confianza del perseguido (1) Al Director. Con instrumentos de cuerda. Poema de David. (2) Dios mío, escucha mi oración, | no te cierres a mi súplica;

2(3) hazme caso y respóndeme. Me agitan mis ansiedades,

3(4) me turba la voz del enemigo, | los gritos del malvado. | Descargan sobre mí calamidades | y me atacan con furia.

4(5) Se agita mi corazón, | me sobrecoge un pavor mortal,

5(6) me asalta el temor y el terror, | me cubre el espanto.

6(7) Y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma | para volar y posarme!

7(8) Emigraría lejos, | habitaría en el desierto. (Pausa)

8(9) esperaría en el que puede salvarme | del huracán y la tormenta».

9(10) ¡Destrúyelos, Señor, | confunde sus lenguas! | Pues veo en la ciudad violencia y discordia:

10(11) día y noche hacen la ronda sobre sus murallas; | en su recinto, crimen e injusticia;

11(12) dentro de ella, calamidades; | no se apartan de su plaza | la crueldad y el engaño.

12(13) Si mi enemigo me injuriase, | lo aguantaría; | si mi adversario se alzase contra mí, | me escondería de él;

13(14) pero eres tú, mi compañero, | mi amigo y confidente,

14(15) a quien me unía una dulce intimidad: | juntos íbamos entre el bullicio por la casa de Dios.

15(16) ¡Que los sorprenda la muerte, | desciendan vivos al abismo, | pues la maldad habita en ellos!

16(17) Pero yo invoco a Dios, | y el Señor me salva:

17(18) por la tarde, en la mañana, al mediodía, | me quejo gimiendo. | Dios escucha mi voz:

18(19) en paz rescata mi alma | de la guerra que me hacen, | porque son muchos contra mí.

19(20) Dios me escucha, los humilla | el que reina desde siempre. (Pausa) Porque no quieren enmendarse | ni temen a Dios.

20(21) Levantan la mano contra su aliado, | violando los pactos;

21(22) su boca es más blanda que la manteca, | pero desean la guerra; | sus palabras son más suaves que el aceite, | pero son puñales.

22(23) Encomienda a Dios tus afanes, | que él te sustentará; | no permitirá jamás que el justo caiga.

23(24) Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos | a la fosa profunda. | Los traidores y sanguinarios | no cumplirán ni la mitad de sus años. | Pero yo confío en ti, Señor.

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