Proverbios 20
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1El vino excita, embriaga el licor, | quien en ellos se pierde no llega a sabio.
2Rugido de león es la ira del rey: | quien la provoca se juega la vida.
3Quien evita peleas es digno de honor, | el insensato se mete en discusiones.
4El perezoso no labra en otoño, | en la cosecha busca y no encuentra.
5Un plan meditado es agua profunda, | el hombre sagaz sabe sacarla.
6Muchos se las dan de sinceros, | pero ¿quién hallará un hombre fiel?
7El honrado procede con rectitud, | ¡dichosos los hijos que deje!
8Cuando el rey se sienta en el tribunal, | con su mirada avienta todo mal.
9¿Quién puede decir: «Soy puro, | me encuentro limpio de pecado»?
10Un peso y otro peso; una medida y otra medida: | dos cosas que detesta el Señor.
11Con sus actos deja ver ya el muchacho | si sus obras serán puras y rectas.
12Oído que oye, ojo que ve: | los dos son obra del Señor *20:12 Implica este aforismo que el hombre participa de algún modo en la perspicacia divina de cara al discernimiento ético. Por eso son inexcusables los comportamientos desviados. .
13No tomes gusto al sueño, te empobrecerás; | ten los ojos abiertos, de pan te hartarás.
14«Malo, malo», dice el comprador; | pero después se felicita por su compra.
15Hay oro y corales en cantidad; | para joya, una boca sincera.
16Quítale la ropa, exígele prendas, | pues salió fiador de un extraño.
17El pan robado resulta sabroso, | pero la boca se llena de arena.
18Somete tus planes al consejo de otros, | con sabia estrategia prepara la guerra.
19El chismoso descubre secretos, | deja la compañía del charlatán.
20El que maldice a su padre y a su madre | verá extinguirse su luz en plena noche.
21Fortuna ganada de golpe | nunca prospera al final.
22No digas: «Me las pagará», | confía en el Señor y te salvará.
23El Señor detesta dos pesas distintas, | no está bien trampear con la balanza.
24El Señor dirige los pasos del hombre, | ¿cómo puede el hombre discernir su camino?
25¡Qué riesgo hacer un voto a la ligera | y arrepentirte después de prometerlo!
26Un rey sabio avienta a los malvados, | hace rodar sobre ellos el trillo.
27Lámpara del Señor el espíritu humano: | sondea lo más íntimo de las entrañas.
28Bondad y lealtad sostienen al rey, | la misericordia consolida su trono.
29La fuerza es el orgullo de los jóvenes; | las canas, el adorno de los viejos.
30Heridas y llagas remedian el mal, | los golpes sanan el interior.