Mateo 28
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.
2Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima.
3Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve;
4los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos.
5El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado.
6No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía
7e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado».
8Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
9De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
10Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
11Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido.
12Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma,
13encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais.
14Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
15Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
18Acercándose a ellos, Jesús les dijo *28:18 Las palabras del resucitado tienen su centro en una afirmación eclesiológica ( Mat 28:19-20 a) enmarcada entre dos afirmaciones cristológicas ( Mat 28:18 ; Mat 28:20 b): el Señor resucitado, Hijo del Hombre revestido de plenitud de poder, Enmanuel en medio de los suyos, ordena hacer discípulos de todos los pueblos, superando así precedentes limitaciones ( Mat 10:5 b - Mat 10:6 ; Mat 15:24 ). Dicha tarea se concreta de dos maneras: bautizar y enseñar a guardar todo lo que Jesús ha mandado. : «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.
19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;
20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».