Malaquías 1
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1MALAQUÍAS El contexto del libro es la situación de Judá y Jerusalén en la época persa (hacia el 450 a.C.). Su forma de expresión se caracteriza sobre todo por el uso de un género literario profético moderadamente usado por sus antecesores: la controversia, indicio de la tensa y difícil posición del profeta frente a sus oyentes. El problema del culto ocupa un lugar muy importante en estos capítulos. Pero Malaquías no se olvida ni un momento de la exigencia fundamental de la fe de Israel: la justicia. Oráculo. Palabra del Señor a Israel por medio de Malaquías.
2*1:2-5 La Biblia presenta a Esaú como el ancestro de los edomitas. Las relaciones entre Edón e Israel fueron conflictivas. Pero el comportamiento de Edón en la caída de Jerusalén fue tan pérfido que el país vecino se convirtió para los judíos en el arquetipo del enemigo. Os amo, dice el Señor. Pero vosotros decís: ¿En qué se nota que nos amas? Dice el Señor: ¿No era Esaú hermano de Jacob y yo amé a Jacob
3y menosprecié a Esaú? Asolé sus montañas y entregué su heredad a los chacales del desierto.
4Edón dice: Si estamos arruinados, reconstruiremos las ruinas. Pero responde el Señor del universo: Ellos construyen y yo destruyo. Los llamarán «País malvado», «Pueblo con el que el Señor rompió para siempre».
5Lo veréis con vuestros propios ojos y diréis: ¡Se ha engrandecido el Señor, incluso más allá de las fronteras de Israel!
6*1:6-14 Siguen las controversias y se entra en uno de los problemas claves del libro: el desinterés de los sacerdotes en el culto y servicio del Señor. Mal 1:11 se convirtió en un elemento esencial de la teología cristiana primitiva. El hijo honra al padre y el siervo a su señor. Si yo soy padre, ¿dónde está mi honor? Si soy señor, ¿dónde está el temor hacia mí? Esto os dice el Señor del universo a vosotros, sacerdotes que despreciáis mi nombre. Pero replicáis: «¿En qué despreciamos tu nombre?».
7Traéis a mi altar alimentos contaminados, impuros, y encima decís: «¿En qué te contaminamos?». ¡Cuando decís que «la mesa del Señor no merece consideración»!
8¿Está bien traer un animal ciego para sacrificar? ¿Está bien traer un animal cojo y enfermo para sacrificar? Llévalo, ofréceselo al gobernador; ¿estará satisfecho de ti?, ¿te favorecerá por ello?, dice el Señor del universo.
9Aplacad, pues, ahora el rostro del Señor y tendrá compasión de nosotros. Esto es cosa vuestra, ¿os favorecerá?, dice el Señor del universo.
10¿Quién de vosotros cerrará la puerta para que nadie encienda inútilmente mi altar? No me dais ninguna satisfacción, dice el Señor del universo, ni me agrada vuestra ofrenda.
11Pues de Oriente a Occidente mi nombre es grande entre las naciones, y en todo lugar se quema incienso en mi honor y se ofrece a mi nombre una ofrenda pura, pues mi nombre es grande entre las naciones, dice el Señor del universo.
12Pero vosotros lo profanáis diciendo: «La mesa del Señor está contaminada, y ni su fruto ni su comida merecen la pena».
13Y añadís: «¡Qué aburrimiento!», dejándolo de lado, dice el Señor del universo. Traéis como ofrenda productos robados, estropeados o enfermos; ¿cómo queréis que me agraden?
14¡Maldito sea el estafador que teniendo en su rebaño un buen macho y habiendo hecho un voto al Señor, le ofrece un desecho! Pues yo soy un gran rey, dice el Señor del universo, y todas las naciones temen mi nombre.