Isaías 51
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1Escuchadme, los que vais tras la justicia, | los que buscáis al Señor: | Mirad la roca de donde os tallaron, | la cantera de donde os extrajeron.
2Mirad a Abrahán, vuestro padre; | a Sara, que os dio a luz: | cuando os llamé, era uno, | pero lo bendije y lo multipliqué.
3El Señor consuela a Sión, | consuela todas sus ruinas: | convertirá su desierto en un edén, | su yermo en jardín del Señor; | allí habrá gozo y alegría, | acción de gracias al son de instrumentos.
4Escuchadme, naciones; pueblos, prestadme oído, | pues de mí saldrá la ley | y estableceré mi derecho | para luz de los pueblos.
5Mi triunfo está cercano, | llega mi salvación, | mi brazo regirá a los pueblos: | las islas lejanas esperan en mí, | ponen su esperanza en mi poder.
6Levantad vuestros ojos al cielo, | mirad abajo, hacia la tierra: | el cielo se desvanece como el humo, | la tierra se consume como un vestido, | sus habitantes mueren como langostas, | pero mi salvación dura por siempre, | mi justicia no tendrá fin.
7Escuchadme, los que conocéis lo que es recto, | el pueblo que conserva mi ley en su corazón: | no temáis la afrenta de los hombres, | no desmayéis por sus ultrajes:
8pues la polilla los roerá como un vestido, | como los gusanos roen la lana; | pero mi justicia dura por siempre, | mi salvación de edad en edad.
9*51:9-52:6 Tres poemas que se inician con un doble imperativo ( Isa 51:9 ; Isa 51:17 ; Isa 52:1 ) y se completan en cada caso con una expresión adecuada al destinatario, constituyen una plegaria única, donde se alternan y encuentran las voces del Señor y de su pueblo, unidas por el deseo de la restauración de la ciudad. El conjunto lo cierra un cántico al Señor que vuelve para restaurar Jerusalén ( Isa 52:7-12 ). ¡Despierta, despierta, | revístete de fuerza, brazo del Señor, | despierta como antaño, | en las antiguas edades! | ¿No eres tú quien destrozó el monstruo | y traspasó al dragón?
10¿No eres tú quien secó el mar, | las aguas del gran océano, | el que hizo un camino en la profundidad del mar | para que pasaran los redimidos?
11Volverán los rescatados del Señor, | entrarán en Sión con cánticos de júbilo, | alegría perpetua a la cabeza, | siguiéndolos, gozo y alegría; | pena y aflicción se alejarán.
12Yo, yo soy quien os consuela. | ¿Por qué temes a un mortal que perece, | a un hombre que pasa como la hierba,
13te olvidas del Señor que te ha hecho, | que despliega los cielos | y pone el fundamento de la tierra? | ¿Por qué tiemblas sin tregua cada día | ante el furor del opresor dispuesto a destruirte? | ¿Qué se hizo del furor del opresor?
14Se apresuran a liberar al cautivo: | no morirá en la fosa, no le faltará el pan.
15Yo soy el Señor, tu Dios, | que agita el mar y braman sus olas. | Mi nombre es Señor todopoderoso.
16Yo he puesto mis palabras en tu boca, | te cubrí con la sombra de mi mano: | extiendo los cielos, pongo el fundamento de la tierra | y digo a Sión: tú eres mi pueblo.
17¡Despierta, despierta, | ponte en pie, Jerusalén!, | que bebiste de la mano del Señor | la copa de su ira, | apuraste hasta las heces el cáliz de vértigo.
18No hay nadie que la sustente | entre los hijos que dio a luz, | nadie que la lleve de la mano | entre los hijos que crió.
19Te han sucedido estos dos males, | ¿quién te compadece? | Saqueo y ruina, hambre y espada, | ¿quién te consuela?
20Desfallecen y yacen tus hijos | en los rincones de todas las calles, | como antílope en la red, | llenos de la ira del Señor, | de la amenaza de tu Dios.
21Por eso, escucha, desdichada; | borracha, y no de vino.
22Esto dice el Señor, tu Dios, | que defiende la causa de su pueblo: | «Yo quito de tu mano la copa del vértigo, | no volverás a beber el cáliz de mi ira.
23Lo pondré en la mano de tus verdugos, | de los que te decían: | “Dóblate, que pasemos por encima”; | y tú presentaste la espalda como suelo, | como calzada para los transeúntes».