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Isaías 40

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1*40:1-11 Comienza aquí el Segundo Isaías, también llamado libro de la Consolación: a lo largo del mismo se constata que el Señor, que invita a consolar a su pueblo ( Isa 40:1 ), es el único que lo puede consolar ( Isa 51:12 ; Isa 51:19 ), y lo ha consolado ya ( Isa 49:13 ; Isa 51:3 ; Isa 52:9 ). «Consolad, consolad a mi pueblo | —dice vuestro Dios—;

2hablad al corazón de Jerusalén, | gritadle, | que se ha cumplido su servicio | y está pagado su crimen, | pues de la mano del Señor ha recibido | doble paga por sus pecados».

3Una voz grita: | «En el desierto preparadle | un camino al Señor; | allanad en la estepa | una calzada para nuestro Dios;

4que los valles se levanten, | que montes y colinas se abajen, | que lo torcido se enderece | y lo escabroso se iguale.

5Se revelará la gloria del Señor, | y la verán todos juntos | —ha hablado la boca del Señor—».

6Dice una voz: «Grita». | Respondo: «¿Qué debo gritar?». | «Toda carne es hierba | y su belleza como flor campestre:

7se agosta la hierba, se marchita la flor, | cuando el aliento del Señor | sopla sobre ellos; | sí, la hierba es el pueblo;

8se agosta la hierba, se marchita la flor, | pero la palabra de nuestro Dios | permanece para siempre».

9Súbete a un monte elevado, | heraldo de Sión; | alza fuerte la voz, | heraldo de Jerusalén; | álzala, no temas, | di a las ciudades de Judá: | «Aquí está vuestro Dios.

10Mirad, el Señor Dios llega con poder | y con su brazo manda. | Mirad, viene con él su salario | y su recompensa lo precede.

11Como un pastor que apacienta el rebaño, | reúne con su brazo los corderos | y los lleva sobre el pecho; | cuida él mismo a las ovejas que crían».

12*40:12-17 Ante un pueblo escandalizado por la debilidad de su Dios, que ha debido soportar la destrucción del templo y su propio exilio, el profeta procura demostrar que solo el Señor es Dios y que cuanto ha ocurrido tiene un sentido oculto. ¿Quién ha medido el mar | con el cuenco de sus manos | y mensurado a palmos el cielo, | o con una medida el polvo de la tierra? | ¿Quién ha pesado en la báscula los montes | y en la balanza las colinas?

13¿Quién ha medido el espíritu del Señor? | ¿Qué consejero lo ha instruido?

14¿Con quién se aconsejó para comprender, | para que lo instruyera | en el camino del derecho, | le enseñara el saber | y le diera a conocer la prudencia?

15Mirad, las naciones son gotas en un cubo; | pesan lo que el polvo en la balanza. | Mirad, las islas pesan lo que un grano.

16El Líbano no basta para leña, | ni sus fieras para el holocausto.

17Las naciones son como nada en su presencia. | Ante él son valoradas como nada y confusión.

18¿Con quién podréis comparar a Dios | y qué imagen pondréis en su lugar?

19¿Un ídolo? Un artesano lo funde, | el orfebre lo recubre de oro | y un platero le suelda cadenas de plata.

20Alguno escoge una madera fina | que no se desgaste, | se busca un hábil artesano | para hacerse una imagen resistente.

21¿No lo sabéis? ¿No lo habéis oído? | ¿No os lo anunciaron desde el principio? | ¿No habéis percibido quién fundó la tierra?

22Es él, que tiene su trono sobre el círculo de la tierra, | cuyos habitantes son como saltamontes. | Es él, que extiende el cielo como un toldo, | como tienda habitable lo despliega.

23Es él, que reduce a nada a los que mandan, | y declara inhábiles a los jueces del país.

24Apenas plantados, apenas sembrados, | apenas arraigan sus brotes en tierra, | sopla sobre ellos y se agostan, | el vendaval se los lleva como paja.

25«¿Con quién podréis compararme, | quién es semejante a mí?», dice el Santo.

26Alzad los ojos a lo alto y mirad: | ¿quién creó todo esto? | Es él, que despliega su ejército al completo | y a cada uno convoca por su nombre. | Ante su grandioso poder, y su robusta fuerza, | ninguno falta a su llamada.

27¿Por qué andas diciendo, Jacob, | y por qué murmuras, Israel: | «Al Señor no le importa mi destino, | mi Dios pasa por alto mis derechos?».

28¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? | El Señor es un Dios eterno | que ha creado los confines de la tierra. | No se cansa, no se fatiga, | es insondable su inteligencia.

29Fortalece a quien está cansado, | acrecienta el vigor del exhausto.

30Se cansan los muchachos, se fatigan, | los jóvenes tropiezan y vacilan;

31pero los que esperan en el Señor | renuevan sus fuerzas, | echan alas como las águilas, | corren y no se fatigan, | caminan y no se cansan.

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