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Isaías 30

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1¡Ay de los hijos rebeldes! —oráculo del Señor—, | que hacen planes sin contar conmigo, | que sellan alianzas contrarias a mi espíritu | añadiendo así pecado a pecado,

2que bajan a Egipto | sin consultar mi parecer, | para buscar la protección del faraón | y refugiarse a la sombra de Egipto.

3Pues bien, la protección del faraón será su deshonra, | y refugiarse a la sombra de Egipto, su oprobio.

4Cuando estén sus funcionarios en Soán | y lleguen a Janés sus mensajeros,

5todos quedarán desilusionados de un pueblo inútil, | incapaz de auxiliar, | que no sirve sino de deshonra y afrenta.

6Oráculo contra los animales del Negueb: | Por una tierra de angustia y opresión, | tierra de leonas y leones, | de víboras y áspides voladores, | llevan sus riquezas a lomo de asno | y sus tesoros sobre la giba de los camellos, | a un pueblo sin provecho,

7a Egipto, cuyo auxilio es viento y vacío. | Por eso lo llamo así: «Rahab inmóvil».

8Ahora ve y escríbelo en una tablilla en su presencia, | inscríbelo en un libro: | quede para la posteridad | como testimonio perpetuo.

9Es un pueblo rebelde, | son hijos renegados, | hijos que no quieren escuchar la ley del Señor;

10que dicen a los videntes: | «No veáis»; | y a los que tienen visiones: | «Evitad visiones verdaderas, | decidnos cosas halagüeñas, | profetizad ilusiones;

11apartaos del camino, | desviaos de la senda, | quitad de vuestra vista al Santo de Israel».

12Por eso, así dice el Santo de Israel: | «Vosotros rechazáis esta palabra, | confiáis en la opresión y la perversidad, | y os apoyáis en ellas;

13por eso será para vosotros esta culpa | como una grieta que baja | y se profundiza en una alta muralla, | hasta que de repente, de un golpe, se desmorona;

14y se rompe como una vasija de alfarero, | hecha añicos sin piedad. | Entre sus fragmentos no se encuentra un pedazo | con que sacar brasas del brasero | o agua de la cisterna».

15Porque así os decía el Señor, Dios, el Santo de Israel: | «Vuestra salvación está en convertiros y en tener calma, | vuestra fuerza está en confiar y estar tranquilos»; | pero no quisisteis

16y dijisteis: «No. Huiremos a caballo». | Está bien, tendréis que huir. | «Correremos a galope». | Más correrán los que os persiguen.

17Huirán mil ante la amenaza de uno | y huiréis ante el reto de cinco; | hasta que quedéis | como mástil en la cumbre de un monte, | como enseña sobre una colina.

18Pero el Señor espera el momento de apiadarse, | se pone en pie para compadecerse; | porque el Señor es un Dios de la justicia: | dichosos los que esperan en él.

19Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, | no tendrás que llorar, | se apiadará de ti al oír tu gemido: | apenas te oiga, te responderá.

20Aunque el Señor te diera | el pan de la angustia y el agua de la opresión | ya no se esconderá tu Maestro, | tus ojos verán a tu Maestro.

21Si te desvías a la derecha o a la izquierda, | tus oídos oirán una palabra a tus espaldas | que te dice: «Este es el camino, camina por él».

22Tendrás por impuros tus ídolos revestidos en plata | y tus estatuas fundidas en oro; | los arrojarás como inmundicia, | los llamarás basura.

23Te dará lluvia para la semilla | que siembras en el campo, | y el grano cosechado en el campo | será abundante y suculento; | Aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas;

24los bueyes y asnos que trabajan en el campo | comerán forraje fermentado, | aventado con pala y con rastrillo.

25En toda alta montaña, | en toda colina elevada | habrá canales y cauces de agua | el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.

26La luz de la luna será como la luz del sol, | y la luz del sol será siete veces mayor, | como la luz de siete días, | cuando el Señor vende la herida de su pueblo | y cure las llagas de sus golpes.

27He aquí que el Nombre del Señor viene de lejos, | arde su ira como incendio imponente, | están llenos sus labios de furor, | su lengua es un fuego que devora.

28Su aliento es un torrente desbordado | que alcanza hasta el cuello, | para cribar a los pueblos con criba de exterminio, | para poner en la quijada de las naciones un freno que los pierda.

29Entonaréis un cántico | como cuando se celebra una fiesta por la noche, | se alegrará el corazón al compás de la flauta, | mientras vais al monte del Señor, a la roca de Israel.

30El Señor hará resonar la majestad de su voz, | mostrará su brazo que descarga | el ataque de su ira, fuego devorador, | tempestad, aguacero y granizo.

31A la voz del Señor temblará Asiria, | golpeada con la vara.

32Cada golpe de vara del castigo | que el Señor descargue sobre ella | será entre panderos, cítaras y danzas. | El Señor combate a mano alzada.

33Hace tiempo que está preparada la hoguera, | ancha y profunda, también para el rey; | una pira con fuego y leña abundante: | y el soplo del Señor, como torrente de azufre, | le prenderá fuego.

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