Hechos 28
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
2Los naturales nos mostraron una hospitalidad poco común, pues encendiendo una hoguera a causa de la lluvia que caía y del frío, nos acogieron a todos nosotros.
3Pablo recogió una brazada de ramas secas y, al echarla a la hoguera, una víbora, huyendo del calor, hizo presa en su mano.
4Cuando vieron los nativos el animal colgando de su mano, se decían unos a otros: «Este hombre es ciertamente un homicida; se ha salvado del mar, pero la Justicia no le ha consentido vivir».
5Pero él, sacudiendo el animal en el fuego, no sufrió daño alguno.
6Ellos estaban esperando que se hinchara o cayese muerto de repente, pero, después de mucho esperar y viendo que no le pasaba nada malo, cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios.
7En los alrededores de aquel lugar tenía una finca el principal de la isla de Malta, que se llamaba Publio; nos recibió y nos hospedó tres días amablemente.
8Coincidió que el padre de Publio estaba en cama con fiebre y disentería; Pablo entró a verlo y rezó, le impuso las manos y lo curó.
9Al ocurrir esto, los demás enfermos de la isla fueron acudiendo, y eran curados.
10Nos colmaron de atenciones y, al hacernos a la mar, nos proveyeron de todo lo necesario.
11Al cabo de tres meses, zarpamos en un barco que había invernado en la isla de Malta. Era de Alejandría y llevaba por mascarón los Dióscuros.
12Arribamos a Siracusa y nos detuvimos tres días;
13desde allí, costeando, llegamos a Regio. Al día siguiente, se levantó viento sur, y llegamos a Puteoli en dos días.
14Allí encontramos a algunos hermanos, los cuales nos rogaron que pasásemos siete días con ellos. Y así llegamos a Roma.
15Los hermanos de Roma, que habían oído hablar de nuestras peripecias, salieron a recibirnos al Foro Apio y Tres Tabernas. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y se sintió animado.
16Una vez en Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.
17Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo: «Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos.
18Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte;
19pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo.
20Por este motivo, pues, os he llamado para veros y hablar con vosotros; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».
21Ellos le respondieron: «Nosotros no hemos recibido de Judea carta sobre ti ni ninguno de los hermanos que ha venido de allí nos ha denunciado o hablado nada negativo sobre ti,
22pero deseamos oír de tus propios labios lo que piensas, porque sabemos que a esta secta se la contradice en todas partes».
23Después de acordar con él un día, vinieron a verlo a su alojamiento en mayor número. A todos ellos les exponía el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, dando testimonio e intentando persuadirlos de lo relativo a Jesús apoyándose en la ley de Moisés y los profetas.
24Unos aceptaban con fe lo que decía, pero otros permanecían incrédulos.
25Se estaban marchando en total desacuerdo, cuando Pablo les dirigió esta sola palabra: «Con razón habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isaías,
26diciendo: Ve a este pueblo y dile: | oiréis con el oído pero no entenderéis, | miraréis con los ojos pero no veréis.
27Porque se embotó el corazón de este pueblo, | oyeron con oídos sordos y han cerrado sus ojos | para no ver con los ojos ni oír con los oídos | ni entender con el corazón y convertirse | y que yo los cure.
28Por ello, sabed todos vosotros que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí la oirán».
30Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo,
31predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos *28:31 Hechos se cierra con este sumario en el que Pablo aparece hablando en Roma del reino de Dios, es decir, como Jesús, que había enseñado a sus discípulos en Jerusalén durante cuarenta días ( Hch 1:3 ). Pero se produce un avance: la segunda parte de la frase muestra que, para la Iglesia, anunciar el reinado de Dios se traduce en anunciar a Jesús. .