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2 Macabeos 1

Sagrada Biblia (CEE 2011)

12 MACABEOS Este libro no es continuación del anterior sino que se concentra, desde un enfoque diferente, en los quince años de gobierno de Judas Macabeo (175-160 a.C.). Su centro de atención preferente es el templo de Jerusalén, cuya purificación logró y mantuvo Judas con la ayuda manifiesta del Dios de Israel. Por ello, importa más la acción decisiva de Dios que el protagonista humano. El libro es, pues, una narración edificante en la que el núcleo histórico de los acontecimientos descritos está al servicio del fiel reconocimiento de la santidad de Dios en el templo recuperado. Sus informaciones sobre las divisiones entre los judíos, nos preparan para situarnos ante los problemas del judaísmo en la época del Nuevo Testamento. Su doctrina sobre la resurrección de los muertos y la expiación de los mártires encontrará su plenitud en el misterio de Cristo. 2 MACABEOS 1 2M 1 - 2M 2 - 2M 3 - 2M 4 - 2M 5 - 2M 6 - 2M 7 - 2M 8 - 2M 9 - 2M 10 - 2M 11 - 2M 12 - 2M 13 - 2M 14 - 2M 15 Índice de libros *1:1-2:18 Las dos cartas tienen en común sus destinatarios, judíos residentes en Egipto, y su finalidad, recomendar la celebración de la fiesta de la Dedicación del templo de Jerusalén, de gran semejanza con la tradicional fiesta de las Tiendas del otoño. Consta que Onías IV, hijo de Onías III ( 2Ma 4:33 s), construyó un templo en Leontópolis, hacia el 150 a.C. A los hermanos judíos que viven en Egipto les saludan sus hermanos judíos que están en Jerusalén y en la región de Judea, deseándoles paz y prosperidad.

2Que Dios os favorezca y recuerde su alianza con sus fieles servidores Abrahán, Isaac y Jacob.

3Que a todos os dé el deseo de adorarlo y de cumplir su voluntad con un corazón generoso y de buena gana.

4Que abra vuestro corazón a su ley y a sus preceptos, y os conceda la paz.

5Que escuche vuestras súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en tiempo de desgracia.

6Esto es lo que ahora estamos pidiendo por vosotros.

7Ya el año ciento sesenta y nueve, en el reinado de Demetrio, nosotros, los judíos, os escribimos así: «En medio de la grave tribulación que ha caído sobre nosotros en estos años, desde que Jasón y sus partidarios traicionaron a la tierra santa y al reino,

8cuando incendiaron la puerta del templo y derramaron sangre inocente, suplicamos al Señor y fuimos escuchados. Hemos ofrecido un sacrificio y flor de harina, hemos encendido las lámparas y presentado los panes».

9También ahora os escribimos para que celebréis la fiesta de las Tiendas en el mes de casleu. Es el año ciento ochenta y ocho.

10Los que están en Jerusalén y en Judea, los ancianos y Judas saludan y desean prosperidad a Aristóbulo, preceptor del rey Tolomeo, de la familia de los sacerdotes ungidos, y a los judíos que están en Egipto.

11Salvados por Dios de grandes peligros, le damos muchas gracias por haber sido nuestro defensor contra el rey,

12ya que él ha expulsado a los que combatían contra la ciudad santa.

13En efecto, cuando su jefe llegó a Persia, acompañado de un ejército que parecía invencible, fueron despedazados en el templo de Nanea, gracias a una estratagema de los sacerdotes de la diosa.

14Antíoco, y con él sus consejeros, llegaron a aquel lugar con el pretexto de desposarse con la diosa, a fin de apoderarse de abundantes riquezas a título de dote.

15Cuando los sacerdotes del templo de Nanea las habían expuesto, se presentó él con unas pocas personas en el recinto sagrado; en cuanto entró Antíoco, cerraron el templo.

16Abrieron la trampa del techo y a pedradas aplastaron al jefe; los descuartizaron y, cortándoles las cabezas, las arrojaron a los que estaban fuera.

17¡Bendito sea en todo nuestro Dios, que ha entregado a los impíos a la muerte!

18A punto de celebrar en el veinticinco de casleu la purificación del templo, nos ha parecido conveniente informaros, para que también vosotros celebréis la fiesta de las Tiendas y del fuego aparecido cuando ofreció sacrificios Nehemías, el que construyó el templo y el altar.

19Pues, cuando nuestros antepasados fueron deportados a Persia, los piadosos sacerdotes de entonces, habiendo tomado fuego del altar, lo escondieron secretamente en una cavidad semejante a un pozo seco, donde tomaron tales precauciones que nadie supo el lugar.

20Pasados muchos años, cuando Dios quiso, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó que buscaran el fuego los descendientes de los sacerdotes que lo habían escondido;

21pero, según nos cuentan, en realidad no encontraron fuego, sino un líquido espeso; él les mandó que lo sacasen y se lo llevasen. Cuando estuvo dispuesto el sacrificio, Nehemías mandó a los sacerdotes que rociaran con aquel líquido la leña y la ofrenda colocada sobre ella.

22Cumplida la orden y pasado algún tiempo, volvió a brillar el sol, que antes estaba nublado, y se encendió una llama tan grande que todos quedaron maravillados.

23Mientras se consumía el sacrificio, los sacerdotes hacían oración: todos los sacerdotes con Jonatán, que era el que comenzaba; y los demás respondían como Nehemías.

24La oración era la siguiente: «Señor, Señor Dios, creador de todo, temible y fuerte, justo y misericordioso; tú, rey único y bueno,

25tú, el único generoso, el único justo, todopoderoso y eterno, que salvas a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste,

26acepta el sacrificio por todo tu pueblo Israel, guarda tu heredad y santifícala.

27Reúne a los nuestros dispersos, da libertad a los que están esclavizados entre las naciones, vuelve tus ojos a los despreciados y abominados, y conozcan los gentiles que tú eres nuestro Dios.

28Aflige a los que tiranizan y ultrajan con arrogancia.

29Planta a tu pueblo en tu lugar santo, como dijo Moisés».

30Los sacerdotes salmodiaban los himnos.

31Cuando se consumieron las víctimas, Nehemías mandó derramar el líquido sobrante sobre unas grandes piedras.

32Hecho esto, se encendió una llamarada que quedó absorbida por el mayor resplandor que brillaba en el altar.

33Cuando el hecho se divulgó, contaron al rey de los persas que, en el lugar donde los sacerdotes deportados habían escondido el fuego, había aparecido aquel líquido con el que Nehemías y sus compañeros habían consagrado las ofrendas del sacrificio.

34El rey, después de verificar el hecho, mandó alzar una cerca reconociendo el lugar como sagrado.

35El rey recogía muchas donaciones y las repartía a sus favoritos.

36Los acompañantes de Nehemías llamaron a ese lugar neftar, que significa «purificación»; pero la mayoría lo llama nafta .

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