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Lucas 4

Nuevo Testamento CEBIHA

1AYUNO Y TENTACIONES (Mt 4, 1; Mc 1, 12).— Jesús, pues, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán, y en el desierto se conducía bajo el influjo del Espíritu

2durante cuarenta días, tentado por el diablo. Nada comió en aquellos días, y, acabados, tuvo hambre.

3Díjole entonces el diablo: Si eres hijo de Dios, di a esta piedra que se vuelva pan.

4Y le respondió Jesús: Está escrito: no sólo de pan vivirá el hombre.

5Lo condujo a lo alto y le mostró todos los reinos del mundo en un instante.

6Y le dijo el diablo: Te daré todo este imperio y la gloria de ellos, porque me ha sido entregado, y lo doy a quien quiero,

7Si, pues, te postras ante mí, todo será tuyo.

8Respondió Jesús: Está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás.

9Llevóle entonces a Jerusalén, le colocó sobre el pináculo del Templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate de aquí abajo;

10porque está escrito que a sus ángeles ordenó que te guarden,

11y te recibirán en sus manos para que tu pie no sufra contra la piedra.

12Y le respondió Jesús: Se ha dicho: no tentarás al Señor tu Dios.

13Y acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta la ocasión propicia.

14MINISTERIO EN GALILEA / EN NAZARET (Mt 4, 12; 13, 53; Mc 1, 14; 6, 1).— Y regresó Jesús, impulsado por el Espíritu, a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca,

15Y enseñaba en las sinagogas, celebrado por todos.

16Vino a Nazaret, donde se había criado, y entró, según su costumbre, en la sinagoga, el sábado, y se levantó a leer.

17Le fue entregado el libro del profeta Isaías, y, habiendo desenrollado el volumen, halló el lugar en que estaba escrito:

18El Espíritu del Señor está sobre mí, —porque me ungió;—me envió a evangelizar a los pobres, —a predicar a los cautivos la liberación, —a los ciegos la recuperación de la vista, —a liberar a los oprimidos, —

19a promulgar un año de gracia del Señor.

20Y enrollando el libro y dándoselo al sirviente, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban clavados en Él.

21Y comenzó a decirles: Hoy se cumple ante vosotros esta escritura.

22Y todos asentían y se admiraban de las palabras de gracia salidas de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?

23Y Él les dijo: Seguramente me diréis esta parábola: médico, cúrate a ti mismo. Cuanto oímos realizado en Cafarnaúm, hazlo también aquí, en tu patria.

24Y dijo: La verdad es que ningún profeta es acogido en su tierra.

25Pero os aseguro también: muchas viudas había al tiempo de Elías en Israel, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en toda la tierra;

26y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.

27Y muchos leprosos había en Israel cuando Elíseo profeta, pero ninguno de ellos fue limpiado sino Namán, el sirio.

28Y se llenaron de ira todos los que en la sinagoga oían estas cosas;

29y, levantándose, lo arrojaron de la ciudad, lo llevaron a la cúspide del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para precipitarlo.

30Pero Él, pasando por medio de ellos, seguía su camino.

31Y descendió a Cafarnaúm, ciudad dé Galilea, y los enseñaba los sábados.

32Y se asombraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.

33ALGUNOS MILAGROS (Mt 8, 14; Mc 1, 21).— y en la sinagoga había un hombre con espíritu de un demonio impuro, y gritó fuerte:

34Ah! ¿Qué hay entre Tú y nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Viniste a perdernos? Sé quién eres: el Santo de Dios.

35Y le increpó Jesús: Cállate, y sal de él. Derribóle el demonio al medio, y salió de él sin haberle dañado.

36Y se llenaron todos de estupor, y se decían unos a otros: ¿Qué es esto, que manda con autoridad y energía a los espíritus inmundos, y salen?

37Y su fama corría por todos los lugares de la comarca.

38Salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de éste era presa de una gran fiebre, y le rogaron por ella.

39E inclinándose sobre ella, ordenó a la fiebre, y la dejó. Se levantó inmediatamente y les servía.

40A la puesta del sol, todos los que tenían enfermos, de cualquier mal, los traían a Él; e imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, Él los curaba.

41Salían también de muchos los demonios, gritando: Tú eres el Hijo de Dios. Y los reprendía y no les dejaba hablar, porque conocían que Él era el Cristo.

42Amaneció el día, salió a un lugar desértico; y las turbas le buscaban, llegaron hasta Él y le retenían, para que no se alejara de ellos.

43Mas Él les dijo: También a las otras ciudades debo yo evangelizar el Reino de Dios, porque a esto fui enviado.

44E iba predicando por las sinagogas de Judea.

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