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Lucas 15

Nuevo Testamento CEBIHA

1LA OVEJA Y LA DRACMA PERDIDA (Mt 18, 12).— Se le acercaban todos los publícanos y pecadores para oírle.

2Y los fariseos y los escribas murmuraban: Éste recibe a los pecadores y come, con ellos.

3Entonces les propuso esta parábola:

4¿Quién de vosotros, teniendo cien ovejas, y perdiendo una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y marcha tras la pérdida hasta que la encuentre?

5Y encontrándola, la pone sobre sus hombros lleno de alegría;

6y, al llegar a casa, llama a los amigos y vecinos, diciéndoles: ¡Alegraos conmigo porque hallé mi oveja perdida!

7Así, os digo, habrá más alegría en el cielo por un pecador arrepentido, que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia.

8O ¿ qué mujer, poseyendo diez dracmas, si perdiera una, no enciende una luz y barre la casa y la busca cuidadosamente hasta encontrarla?

9Y habiéndola encontrado, llama a sus amigas, y vecinas, diciendo: Regocijaos conmigo, que hallé la dracma que perdí.

10Así, os digo, se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

11EL HIJO PRÓDIGO.— Y añadió: Un hombre tenía dos hijos.

12Y el menor dijo a su padre: Padre, dame la parte que me corresponde de la hacienda. Y les repartió la hacienda.

13Y a los pocos días, el menor reunió todo, se marchó a un país lejano, y allí disipó toda su fortuna viviendo disolutamente.

14Cuando gastó todo, sobrevino gran hambre en aquella comarca, y comenzó a padecer necesidad.

15Y se fue a servir con un hombre de aquel país, quien le mandó a sus tierras a guardar cerdos,

16Deseaba henchir su estómago de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba.

17Y, entrando en sí mismo, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí muerto de hambre!

18Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti.

19Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo; hazme como uno de tus jornaleros.

20Se levantó y fue a su padre. Estando aun lejos, lo vio su padre y se conmovió, y, corriendo, cayó sobre el cuello de su hijo, y lo cubrió de besos.

21Dijóle el hijo: Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo.

22Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad inmediatamente el vestido más rico, y ponédselo, y anillo en su mano, y sandalias en sus pies.

23Traed el ternero cebado, matadle, y comamos alegremente,

24porque este mi hijo, que había muerto, ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado. Y se pusieron a festejarlo.

25Su hijo mayor estaba en el campo, y, cuando vino y se acercó a la casa, oyó la música y los bailes;

26llamó a uno de los criados y le preguntó qué era aquello.

27Y éste le contestó: Ha regresado tu hermano, y tu padre mató el ternero cebado, porque lo recobró sano.

28Indignóse y no quería entrar. Mas su padre, salió y le exhortaba.

29Y él contestó a su padre: Hace ya tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito, para festejar con mis amigos.

30Y cuando ese tu hijo, que dilapidó su hacienda con malas mujeres llegó, tú le mataste el ternero cebado.

31Mas él le respondió: ¡Hijo! ¡Tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo!

32Mas convenía festejar y alegrarse, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.

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