Salmos 102
Biblia Serafín de Ausejo ›1Oración del afligido cuando, desfalleciente, derrama su queja delante del Señor. Señor, escucha mi plegaria, que a ti llegue mi clamor.
2No me ocultes tu rostro el día de mi aprieto; inclina tus oídos hacia mí y, en la hora en que te invoco, respóndeme en seguida.
3He aquí que mis días se terminan en humo, y mis huesos se queman lo mismo que un brasero.
4Abatido, como la hierba, mi corazón se seca y hasta de comer mi pan me olvido.
5A fuerza de gemir, se me pegan los huesos a la carne;
6me parezco al pelícano del desierto, como el búho de las ruinas,
7siempre en vela, como pájaro solitario sobre el techo.
8Mis enemigos me afrentan todo el día, y juran contra mí como dementes.
9Por pan como cenizas, mi bebida se mezcla con mi llanto.
10A causa de tu enojo y de tu ira, me has alzado a lo alto y arrojado.
11Mis días son como la sombra que declina, me seco como el heno.
12Pero tú, Señor, permaneces para siempre, por todas las edades tu memoria.
13Tú habrás de levantarte y apiadarte de Sión, pues es tiempo de tener piedad de ella, ha llegado ya la hora.
14Tus siervos se complacen en sus piedras, están encariñados con su polvo.
15Los pueblos venerarán el nombre del Señor y su majestad, los reyes todos de la tierra.
16Y es que el Señor habrá reconstruido ya a Sión y habrá dejado ver su gloria,
17accediendo a la oración del despojado, no despreciando su plegaria.
18Ello habrá de escribirse para las generaciones venideras, y el pueblo que se forme alabará al Señor.
19»El observa ciertamente desde su santa altura, el Señor desde los cielos tiene el ojo en la tierra,
20para escuchar el llanto del cautivo, para librar los destinados a la muerte.
21Y así se ha de contaren Sión sobre el renombre del Señor y en Jerusalén sobre sus glorias,
22al congregarse en uno los pueblos y los reinos para el servicio del Señor.
23Mis fuerzas se han quebrado en el camino, mis días se han menguado.
24Y yo digo: Dios mío, no me tomes en medio de mis días. Tus años son por todas las edades:
25tú fundaste la tierra desde antiguo y los cielos son la obra de tus manos.
26Ellos perecerán, mientras tú permaneces: todos ellos se gastan como un manto, cual vestido los cambias, y se fueron.
27Pero tú eres el mismo, tus años no terminan.
28Los hijos de tus siervos habrán de establecerse y en tu presencia consolidarse su progenie.