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Ester 5

Biblia de Nuestro Pueblo

1Oración de Mardoqueo Y oró así, recordando todas las hazañas del Señor.ñor, Señor, rey y dueño de todo, porque todo está bajo tu poder y no hay quien se oponga a tu voluntad de salvar a Israel.Tú creaste el cielo y la tierra y todas las maravillas que hay bajo el cielo, y eres Señor de todo;ni hay, Señor, quien se te pueda oponer.Tú lo sabes todo. Si yo me niego a postrarme ante ese soberbio Amán, tú sabes bien, Señor, que no lo hago por arrogancia, orgullo o vanidad;que por salvar a Israel, de buena gana le besaría yo la planta del pie.Si me he negado a hacerlo es porque para mí Dios está por encima de cualquier hombre. Yo no me postro ante nadie si no es ante ti, Señor mío; no lo hago por orgullo.Ahora, Señor, Dios rey, Dios de Abrahán, perdona a tu pueblo; porque traman nuestra muerte, han deseado aniquilar tu antigua herencia.No desprecies la porción que te rescataste del país de Egipto;escucha mi súplica, apiádate de tu herencia, cambia nuestro duelo en fiesta, para que vivamos celebrando tu nombre, Señor. No hagas enmudecer la boca de los que te alaban.Ante la muerte inminente, todos los israelitas gritaban a Dios con todas sus fuerzas.Oración de Ester La reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor.Se despojó de sus ropas lujosas y se vistió de luto; en vez de perfumes refinados, se cubrió la cabeza de ceniza y basura, y se desfiguró por completo, cubriendo con sus cabellos revueltos aquel cuerpo que antes se complacía en adornar.Luego rezó así al Señor, Dios de Israel:Señor mío, único rey nuestro.Protégeme, que estoy solay no tengo otro defensor fuera de ti,porque yo mismame he expuesto al peligro.Desde mi infancia oí,en el seno de mi familia,cómo tú, Señor, escogistea Israel entre las naciones,a nuestros padresentre todos sus antepasadospara ser tu herencia perpetua,y les cumplistelo que habías prometido.Nosotros hemos pecado contra tidando culto a otros dioses;por eso nos entregaste anuestros enemigos.¡Eres justo, Señor!Y no les bastanuestro amargo cautiverio,sino que se han comprometidocon sus ídolos,jurando invalidar el pactosalido de tus labios,haciendo desaparecer tu herenciay enmudecer a los que te alaban,extinguiendo tu altary la gloria de tu temploy abriendo los labios de los gentilespara que den gloria a sus ídolosy veneren eternamentea un rey de carne.No entregues, Señor, tu cetroa los que no son nada.Que no se burlen de nuestra caída.Vuelve contra ellos sus planes,que sirva de escarmientoel que empezó a atacarnos.Atiende, Señor,muéstrate a nosotrosen la tribulación,y dame valor, Señor,rey de los diosesy señor de poderosos.Pon en mi bocaun discurso acertadocuando tenga que hablar al león;haz que cambiey aborrezca a nuestro enemigo,para que perezcacon todos sus cómplices.A nosotros líbranos con tu mano,y a mí, que no tengo otro auxiliofuera de ti, protégeme tú, Señor,que lo sabes todo,y sabes que odiola gloria de los impíos,que me horrorizael lecho de los incircuncisosy de cualquier extranjero.Tú conoces mi peligro.Aborrezco este emblemade grandezaque llevo en mi frentecuando aparezco en público.Lo aborrezcocomo un harapo inmundo,y en privado no lo llevo.Tu sierva no ha comidoa la mesa de Amán,ni estimado el banquete del rey,ni bebido vino de libaciones.Desde el día de mi exaltaciónhasta hoy,tu sierva sólo se ha deleitado en ti,Señor, Dios de Abrahán.¡Oh Dios poderoso sobre todos!Escucha el clamorde los desesperados,líbranos de las manosde los malhechoresy a mí quítame el miedo.Ester y Asuero Al tercer día, al acabar la oración, Ester se quitó la ropa de suplicante y se vistió con todo lujo.Quedó esplendorosa. Luego, invocando al Dios y salvador que vela sobre todos, marchó con dos doncellas,apoyándose suavemente en una con delicada elegancia,mientras la otra la acompañaba llevando la cola del vestido.Ester iba encendida, radiante de hermosura, con el rostro alegre, como una enamorada, pero con el corazón angustiado.Atravesó todas las puertas, hasta quedar de pie ante el rey. Estaba sentado en su trono real, revestido de todos sus ornamentos majestuosos, de oro y piedras preciosas. El rey aparecía terrible.Levantó su rostro encendido de majestad y, en un arrebato de ira, lanzó una mirada. La reina palideció y se apoyó en el hombro de la doncella, desmayándose.Entonces Dios movió al rey a benevolencia; se inquietó, saltó de su trono y tomó a Ester en sus brazos, animándola con palabras tranquilizadoras mientras ella volvía en sí:-¿Qué pasa, Ester? Soy tu esposo.Ánimo, no morirás. Nuestra orden es sólo para nuestros súbditos.Acércate.Puso su cetro de oro sobre el cuello de Ester y la acarició, diciéndole:-Háblame.Ester le dijo:-Te vi, señor, como a un ángel de Dios, y me atemoricé ante tanto esplendor.Porque eres admirable, señor, y tu rostro fascina.Mientras hablaba, se desmayó.El rey se turbó, y todos los cortesanos intentaban reanimarla.El rey y el virrey con Ester Al tercer día, Ester se puso sus vestidos de reina y llegó hasta el patio interior del palacio, frente al salón del trono. El rey estaba sentado en su trono real, en el salón, frente a la entrada.

2Cuando vio a la reina Ester, de pie en el patio, la miró complacido, extendió hacia ella el cetro de oro que tenía en la mano y Ester se acercó a tocar el extremo del cetro.

3El rey le preguntó:-¿Qué te pasa, reina Ester? Pídemelo, y te daré hasta la mitad de mi reino.

4Ester dijo:-Si le agrada al rey, venga hoy con Amán al banquete que he preparado en su honor.

5El rey dijo:-Avisen inmediatamente a Amán, que acepte la invitación de Ester.El rey y Amán fueron al banquete preparado por Ester.

6Y en medio de los brindis, el rey dijo a Ester:-Pídeme lo que quieras y te lo doy. Aunque pidas la mitad de mi reino, la tendrás.

7Ester respondió:-Mi petición y mi deseo es que

8si el rey quiere hacerme un favor, si quiere acceder a mi petición y cumplir mi deseo, venga con Amán al banquete que voy a prepararle mañana, y entonces le responderé.

9Amán salió aquel día alegre y de buen humor; pero cuando vio que Mardoqueo, a la puerta del palacio real, no se levantaba ni se apartaba, se llenó de furor contra Mardoqueo,

10pero se dominó.

11Al llegar a casa, llamó a sus amigos y a su mujer, Zares; les habló del esplendor de sus riquezas, de sus muchos hijos y de cómo el rey lo había engrandecido ascendiéndolo sobre sus funcionarios y ministros.

12Y añadió:-Además, la reina Ester, a ese banquete que ha celebrado, no ha invitado más que al rey y a mí. Y también estoy invitado con el rey para mañana.

13Pero todo esto no me satisface mientras siga viendo al judío Mardoqueo sentado a la puerta de palacio.

14Su mujer, Zares, y sus amigos le dijeron:-Que preparen una horca de veinticinco metros. Por la mañana le pides al rey que ahorquen allí a Mardoqueo, y luego te vas contento al banquete.A Amán le gustó la propuesta, y mandó preparar la horca.

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