Hebreos 1
Biblia Latinoamericana (1972) ›0Introducción CARTA A LOS HEBREOS ᴺ ↣ ˡⁿᵗʳᵒᵈᵘᶜᶜⁱᵒⁿ En los tiempos de los apóstoles se calificaba de Hebreos a los judíos que vivían en Palestina, a diferencia de esa mayoría de su pueblo que había emigrado a diversos países, por todo el Imperio Romano. Esta carta está dirigida a las comunidades cristianas de Palestina que se habían formado con judíos de raza después de Pentecostés. Como discípulos de Cristo habían sido perseguidos y a algunos les habían sido confiscados sus bienes. Ya no tenían nada en el mundo y debían darse ánimo unos a otros con la convicción de que, al fin de su exilio, encontrarían la verdadera patria a donde Jesús se había ido después de sus sufrimientos. Volvían así a encontrarse en la situación de sus antepasados hebreos que habían vivido en el desierto, aguardando y buscando una tierra prometida. No será difícil ver que esta carta se dirige a hombres familiarizados con el Antiguo Testamento; a lo mejor se trataba de sacerdotes judíos que habían reconocido a Jesús como el Cristo y que pasaban entonces por una crisis. Hasta ese momento, como eran sacerdotes, el Templo había sido toda su vida; allí ofrecían sacrificios y recibían en paga una parte de los animales ofrecidos. Pero ahora, no solamente habían sido excluidos y expulsados del Templo por los judíos, sino que de cualquier modo Cristo los había reemplazado. Creer en él era reconocerlo como el nuevo Templo, del que el edificio sagrado de Jerusalén no era más que la figura. El, laico, había organizado su Iglesia sin tomar en cuenta el sacerdocio de los “hijos de Aarón”, los sacerdotes judíos, pues él y sólo él es el sacerdote, el que pone a los hombres en contacto con el Dios santísimo. De ese modo Cristo les había quitado tanto su trabajo como su razón de ser. Por eso, a veces, esos hombres que habían conocido a Jesús en su existencia humana, se habrán puesto a dudar: ¿acaso todo ha cambiado a causa de él? Para confirmar su fe, esta carta les muestra que la religión judía, con sus ceremonias grandiosas en el Templo de Jerusalén, no era más que la imagen de algo más grande. El perdón de los pecados y la religión en espíritu, aspiración de todo el Antiguo Testamento, debían ser la obra del sacerdote auténtico de toda la humanidad, Jesús, el Hijo de Dios. Ya no hay otro sacrificio fuera del suyo, sacrificio que comienza en la cruz y termina en la gloria. ¿No hay también muchos ꚜ Hebreos, ᵈ o personas desarraigadas en el mundo de hoy? Los enfermos que no tienen esperanza, los cristianos perseguidos, los que no aceptan la injusticia ni la mediocridad de la sociedad. Aunque muchos de ellos no comprendan todos los argumentos o las citas bíblicas que llenan estas páginas, esta carta los animará en su fe. Por otro lado, la palabra ꚜ sacerdote ᵈ ha tomado una importancia tal en la Iglesia que no está de más examinar aquí el texto bíblico que ha profundizado más el sentido del sacerdocio y su reorientación por el hecho mismo del sacrificio de Cristo. Esta carta fue escrita desde Roma, tal vez hacia el año 66, cuando se anunciaba la guerra en la que iba a ser destruida Jerusalén. Eran también los últimos meses de la vida de Pablo; él estaba prisionero en Roma por segunda vez. Esta carta no es extraña al pensamiento de Pablo, pero él no la escribió. Es muy posible que su autor haya sido Apolo, mencionado en , “hombre muy versado en las Escrituras y que demostraba por las Escrituras que Jesús es el Mesías”. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972.
1¹ ↠ En diversas ocasiones y bajo diferentes formas Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, [ Hb 1:1 ] Este capítulo nos muestra a Cristo superior a los ángeles, porque es el Hijo de Dios. Véase la misma polémica en Col 1,15-20 y en Ef 1,2-23. Antes del nacimiento de Jesús, el Hijo estaba en Dios, {C}resplandor de la Gloria del Padre, Dios de Dios, luz de luz, “imagen” invisible del Dios invisible, “Palabra”, o Expresión del ser secreto de Dios (Jn 1,1-14). Esta comparación de Jesús con los ángeles puede tal vez sorprendernos (como en Ef 1 y en Col 1). Pero para los creyentes de ese tiempo bastaba con contemplar la naturaleza para sentir, además de la armonía y del esplendor de la creación, la presencia activa de seres cósmicos que se llamaban ángeles, que repartían las riquezas divinas. En la misma medida en que todo el Antiguo Testamento había luchado en contra de los dioses de la naturaleza, Dios había sido puesto por encima, muy en alto y hasta se abstenían de pronunciar su nombre. Había, pues, como un vacio entre Dios y ellos, y los espíritus celestes ocupaban este espacio, haciéndose los agentes de las continuas manifestaciones de la providencia divina en favor nuestro. Incluso cuando se recordaba el pasado de Israel se les atribuían muchas cosas, como que había sido un ángel el que había llamado a Moisés y no Dios directamente (véase 2,2). Los judíos, pues, hacían lo mismo que hacen hoy muchas personas que buscan algún contacto con poderes espirituales, a un nivel un poco inferior -en realidad totalmente inferior- al de Dios. Se fijaban mucho en los seres celestiales, y era necesario reafirmar que Jesús, que no es un ángel, sino que ha sido uno de nosotros, los supera a todos ellos. {C}Tú, Señor... (10). Pongamos atención en la manera de discutir; desde el comienzo de la Iglesia, los apóstoles atribuyeron a Cristo todos los textos de la Biblia en que se dice {C}Señor. De hecho, la palabra “Señor” que leían en el texto griego, era la traducción del término “Yahvé” del texto hebreo; pero atribuían conscientemente a Cristo un gran número de palabras que se dirigían a Yahvé-Dios. Esto bastaría para destruir lo que algunos dicen hoy, que solamente con el tiempo se consideró a Jesús como el Hijo de Dios y plenamente Dios, y que los apóstoles al comienzo sólo lo veían como un Mesías y salvador. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ▪ ᵒᵏ
2[ Hb 1:2 ] ᶜᶠ Gál 4:4; ᶜᶠ Jn 1:3; ᶜᶠ Col 1:16 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ² ↠ hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo, a quien hizo destinatario de todo, ya que por él dispuso las edades del mundo. [ Hb 1:2 ] {C} Las edades de la creación. El texto dice los "eones". La palabra griega "eón" significa al par un mundo y una época. Esta palabra cuadra bien con la visión griega según la cual la historia consta de un serie de ciclos que se reproducen de modo más o menos parecido. En singular significa habitualmente {C} el mundo, en plural generalmente {C} los siglos: repetida equivale a {C} por los siglos de los siglos. Aquí, como en 11:3, el autor se refiere en términos griegos a la creación en seis días. Él retoma el poema de Pro 8:22: a través de su Hijo, que es la Sabiduría, Dios determina las edades de la creación. Por otra parte es muy probable que esta palabra, {C} los siglos, se refiera a los {C} seis días del texto bíblico: según una manera muy alejandrina de interpetar la Escritura, el autor ve sin dificultad que los “6 días” del Génesis tienen un valor simbólico. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᵒᵏ
3[ Hb 1:3 ] ᶜᶠ 2Cor 4:4; ᶜᶠ Col 1:17; ᶜᶠ Sab 8:1; ᶜᶠ Mc 16:19; ᶜᶠ Hch 2:33 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ³ ↠ El es el resplandor de la Gloria de Dios y en él expresó Dios lo que es en sí mismo. El, cuya palabra poderosa mantiene el universo, también es el que purificó al mundo de sus pecados, y luego se sentó en los cielos, a la derecha del Dios de majestad. [ Hb 1:3 ] Mégalosunè : La majestad. La Majestad es uno de los nombres de Dios. ᶜᶠ Hb 1:3; ᶜᶠ Hb 8:1. ᴾᵍʳ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᴾᵍʳ ᵒᵏ
4[ Hb 1:4 ] ᶜᶠ Flp 2:9 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁴ ↠ Ahora, pues, él está tanto más por encima de los ángeles cuanto más excelente es el Nombre que recibió.
5[ Hb 1:5 ] ᶜᶠ Psa 2:7 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁵ ↠ En efecto, ¿a qué ángel le dijo Dios jamás: Tú eres mi Hijo, yo te he dado la vida hoy? ¿Y de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo? [ Hb 1:5 ] {N} INTERPRETACIÓN CRISTIANA DEL ANTIGUO TESTAMENTO Habría mucho que decir sobre la manera de utilizar aquí el autor la Escritura. Dejemos a un lado la idea que nos viene espontáneamente de buscar en ella pruebas irrebatibles para establecer una verdad. A nosotros nos habría gustado hallar textos del Antiguo Testamento que dijeran claramente lo que sería el Salvador y cómo reconocerle por su modo de obrar. Es lo que han hecho nuestros padres durante diecinueve siglos, tratando de demostrar que los profetas habían predicho en el detalle todo lo que debía sucederle a Jesús, tras lo cual se extrañaban de que sus contemporáneos no lo hubieran reconocido. El autor de esta carta no razonaba como nosotros. Es muy probable que se haya formado en la "escuela de Alejandría". En esta ciudad del delta del Nilo, una de las más pobladas del Imperio romano, los judíos formaban una comunidad extremamente importante, y algunos grandes intelectuales habían abierto una “escuela” de interpretación de la Biblia. Es en esta misma comunidad, donde se habían encontrado traductores capaces de realizar una versión griega de la Biblia, la llamada versión de {C} los Setenta. Es allí también donde el hijo menor de Jesús Ben Sirac hizo su traducción del libro que nosotros llamamos Sirácida. Cuando Jesús predicaba en Palestina, un judío de Alejandría llamado Filón adquiría reputación universal con su interpretación de la Biblia. A pesar de que no quería perder nada del mensaje del libro sagrado, abordó el estudio con la mirada crítica de un hombre que vive rodeado de incrédulos y con la preocupación de dar respuestas aceptables para espíritus griegos. Filón partía del principio de que si la Biblia está inspirada, no se puede encontrar en ella nada que sea trivial o indigno de Dios. Ahora bien, muchos episodios de los relatos bíblicos le parecían vulgares. De ello dedujo que el mensaje no está solamente en las palabras y en su sentido primario; estas palabras tienen sin duda un sentido que se debe respetar, pero la historia es también como una figura o un símbolo -él decía una alegoría- de realidades más espirituales. Por ello daba un sentido figurado a los seis días de la creación. La misma historia de Adán formado del barro se convertía para él en la figura de una creación eminentemente espiritual en la cual el Hombre había sido ante todo pensado y creado en Dios. Abrahán, en ciertos episodios de su vida, era la imagen de la Sabiduría; Moisés, pastor de ovejas, nos enseñaba que el creyente debía ser el pastor de sus múltiples deseos y sentimientos, capaz de unificarlos y dominarlos... En una palabra, Filón insistía en el hecho de que el texto bíblico puede y debe recibir diversas interpretaciones. El tiene en primer lugar un valor de enseñanza, un alcance moral para los lectores, pero es asimismo portador de un sentido espiritual que corresponde descubrirlo al sabio. Esta manera de interpretar “alegóricamente” la Biblia atrajo inmediatamente a judíos y cristianos, aunque de modo algo diverso, y de ello encontramos más de un ejemplo en esta carta. Pero cabe notar igualmente otros dos elementos de la argumentación que nosotros leemos aquí y que nos pueden desorientar. Por una parte, el autor utiliza el texto de la versión griega, que difiere del original hebreo en numerosos detalles. Tenemos un ejemplo de ello en la cita del Salmo 104:4 en el versículo 7. Se sabe que la palabra hebrea usada para decir “ángel” es la de mensajero. El salmo decía: Haces de los espíritus tus mensajeros, y el texto de la carta dice: Tú envías a tus ángeles como espíritus. La diferencia no es demasiado grande, pero facilita la comparación de Cristo y de los ángeles. De igual modo en 1:9 el salmo 45, que cita, decía: “por eso Dios, tu Dios, te concedió una unción...”; pero en el texto griego se lee normalmente: “por eso, oh Dios, tu Dios te concedió una unción...”, y el autor se sirve de ello para insinuar la divinidad de Cristo. Por otra parte, cuando el autor encuentra en la Biblia la palabra Dios, la aplica a Dios Padre, pero cuando ve escrito Señor (que era el modo de traducir el nombre de Yavé), lo atribuye sistemáticamente a Cristo, siguiendo en ello la práctica de los apóstoles. Hay un ejemplo de esto en 1:10. Asimismo el Salmo 97, citado en 1:6, decía: Yavé reina... que le adoren todos los ángeles, pero en griego se leía: El Señor reina... y el autor comprende inmediatamente: que los ángeles adoren al Hijo, que es el Señor. Un ejemplo particularmente interesante es el uso que hace del Salmo 8. Este salmo admira la obra divina: ¿cómo es posible que Dios haya concedido tales privilegios al hombre, tan pequeño en la creación? Como en la poesía hebrea suele repetirse dos veces la misma cosa con palabras diferentes, el salmo habla del {C} humano y después del {C} hijo del hombre. Suena, pues, así: Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria. Pero el griego traduce, lo que no es absolutamente erróneo: Lo pusiste un poco por debajo de los ángeles. Esto le basta al autor para que interprete: el Hijo del Hombre es Cristo. Él se rebajó en su pasión, pero ya está coronado de gloria antes de dominar toda la creación. Es decir, que el autor da por cierto el lugar central de Cristo en la obra de Dios, y el salmo a su vez le ayuda a afirmar que Cristo lleva en sí todos los destinos de los hombres: en él Dios se muestra admirable y somete al Hombre todo el universo, por eso era necesario que se asemejara en todo a sus hermanos a fin de elevarlos, como dirá en el capítulo siguiente. He aquí, pues, cómo procede el discurso. El autor impone su interpretación, no tanto por la fuerza de la lógica sino por el soplo de su inspiración que le aporta uno tras otro cantidad de textos de los que está impregnado y que construirán un edificio magnífico. Alguien ha dicho que no basta querer probar la verdad de la fe, que a veces sería más justo poner de relieve la belleza de la visión cristiana del mundo, porque ella es un signo decisivo de su carácter divino. Los griegos poseían el culto de la belleza, los profetas de la primera Iglesia y después sus pensadores y oradores han valorado la armonía de la fe. ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. ʳᶠˣ ᵒᵏ
6[ Hb 1:6 ] ᶜᶠ 2Sam 7:14; ᶜᶠ Psa 97:7 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁶ ↠ Al introducir al Primogénito en el mundo, dice: Que lo adoren todos los ángeles de Dios.
7[ Hb 1:7 ] ᶜᶠ Psa 104:4 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁷ ↠ Tratándose de los ángeles, encontramos palabras como éstas: Dios envía a sus ángeles como espíritus y a sus servidores como llamas ardientes.
8[ Hb 1:8 ] ᶜᶠ Psa 46:7 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ⁸ ↠ Al Hijo, en cambio, se le dice: Tu trono, oh Dios, permanece por siglos y siglos, y tu gobierno es gobierno de justicia.
9⁹ ↠ Amas la justicia y aborreces la maldad; por eso, oh Dios, tu Dios te concedió una consagración real que es fuente de alegría, con preferencia a tus compañeros.
10[ Hb 1:10 ] ᶜᶠ Psa 102:26 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁰ ↠ Y también leemos: Tú, Señor, en el principio pusiste la tierra sobre sus bases, y los cielos son obra de tus manos.
11¹¹ ↠ Ellos desaparecerán, pero tú permaneces. Serán para ti como un vestido viejo;
12¹² ↠ los doblarás como una capa, y los cambiarás. Pero tú eres siempre el mismo y tus años no terminarán jamás.
13[ Hb 1:13 ] ᶜᶠ Psa 110:1; ᶜᶠ Hch 2:33 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹³ ↠ A ninguno de sus ángeles dijo Dios: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como tarima de tus pies.
14[ Hb 1:14 ] ᶜᶠ Mt 4:11; ᶜᶠ Mt 18:10 ⇄ ᶠᵑ BLA+72 Biblia Latinoamericana + ®1972. † ¹⁴ ↠ Pues todos ellos no son más que funcionarios espirituales, y reciben una misión para bien de los que recibirán la salvación. {1}