Ignacio a los Efesios 1
Sagrada Biblia Straubinger ›0Ignacio Ephesians Introducción : San Ignacio de Teóforo fue el segundo obispo de Antioquía. Su obispado comienza a partir del año 70 d.C. Su relación con los apóstoles es segura. Las Epístolas de Ignacio son casi las únicas fuentes de su vida. Es un obispo de estatus ecuménico. En la persecución del emperador romano Trajano, es arrestado y condenado a ser saqueado por las fieras en el Coliseo de Roma. La persecución se produjo entre los años 107 y 117. En los últimos días de su vida Ignacio escribió siete Epístolas, que le aseguraron el extraordinario honor de ser el primer gran teólogo postapostólico y el primer Padre y Maestro de la Iglesia. Sus cartas son grandes textos filológicos y teológicos. (Stylianou Papadopoulos Patrology A pp. 177-178) Texto traducido al griego moderno, publicaciones EPE Carta de San Ignacio de Antioquia a los efesios (Escrito entre 107 y 117 dC) San Ignacio [+ 110 d.C. aprox.], segundo sucesor de San Pedro en la sede de Antioquía, fue martirizado durante el reinado del emperador Trajano [98-117 d.C.]. En camino a Roma, donde recibiría la corona del martirio, Ignacio escribió siete cartas que constituyen un valiosísimo testimonio, tanto por su antigüedad como por su contenido. San Ignacio de Antioquía es uno de los llamados «Padres Apostólicos», es decir, aquellos escritores de la Iglesia primitiva que en algún modo conocieron o tuvieron trato con alguno de los Apóstoles del Señor. La tradición atestigua que Ignacio fue oyente de la predicación del apóstol Juan. En la epístola dirigida a los efesios encontramos uno de los más antiguos testimonios patrísticos sobre la virginidad de Santa María. Por otro lado, San Ignacio es muy claro en su Cristología, afirmando la verdadera humanidad de Jesús así como su verdadera divinidad, saliendo así al paso de la herejía docetista, que negaba la verdadera humanidad de Jesús, y de los ebionitas, que negaban su divinidad. Ignacio, llamado también Teóforo, a aquella que es grandemente bendecida en la plenitud de Dios Padre, predestinada antes de los siglos a estar por siempre, para una gloria que no pasa, inquebrantablemente unida y elegida en la pasión verdadera, por la voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios, a la Iglesia digna de ser llamada bienaventurada, que está en Éfeso de Asia, mi saludo en Jesucristo y en un gozo irreprochable.
1I ¹. He acogido en Dios vuestro nombre bienamado, que habéis adquirido por vuestra naturaleza justa, según la fe y la caridad en Cristo Jesús, nuestro Salvador; imitadores de Dios, reanimados en la sangre de Dios, vosotros habéis llevado a la perfección la obra que conviene a vuestra naturaleza.
2². Apenas habéis sabido en efecto que yo venía de Siria encadenado por el Nombre y la esperanza que nos son comunes, esperando tener la suerte, gracias a vuestras oraciones, de combatir contra las bestias en Roma, para poder, si tengo esa suerte, ser discípulo; vosotros os apresurásteis en venir a verme.
3³. Es así que a toda vuestra comunidad he recibido, en el nombre de Dios, en Onésimo, varón de una indecible caridad, vuestro obispo según la carne. Deseo que vosotros lo améis en Jesucristo, y que todos os asemejéis a él. Bendito sea aquél que os a hecho la gracia, a vosotros que habéis sido dignos, de tener tal obispo.