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Epístola de Bernabé 5

Sagrada Biblia Straubinger

1La Gracia de la Redención V ¹. Porque el Señor soportó entregar su carne a la destrucción, a fin de que fuéramos nosotros purificados por la remisión de nuestros pecados, lo que se nos concede por la aspersión de su sangre.

2². Acerca de esto, efectivamente, está escrito, parte que se refiere a Israel, parte a nosotros, y dice así: Fue herido por nuestras iniquidades y debilitado por nuestros pecados: Con su llaga fuimos nosotros sanados. Fue conducido como oveja al matadero y como cordero estuvo mudo delante del que le trasquila.

3³. Por tanto, tenemos deber de dar sobremanera gracias al Señor, porque nos dio a conocer lo pasado, nos instruyó acerca de lo presente y no estamos sin inteligencia para lo por venir.

4⁴. Y así dice la Escritura: No se tienden injustamente las redes a los volátiles. Lo cual quiere decir que con razón se perderá el hombre que, teniendo conocimiento del camino de la justicia, se precipita a si mismo por el camino de las tinieblas.

5Por qué sufre el Señor en su carne ⁵. Consideremos, otrosí, este punto, hermanos míos: Si es cierto que el Señor se dignó padecer por nuestra alma, siendo como es Señor de todo el universo, a quien dijo Dios desde la constitución del mundo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra, ¿cómo, digo, se dignó padecer bajo la mano de los hombres? Aprendedlo.

6⁶. Los profetas, teniendo como tenían de Él la gracia, con miras a Él profetizaron. Ahora bien, Él, para destruir la muerte y mostrar la resurrección, toda vez que tenía que manifestarse en carne,

7⁷. sufrió primero para cumplir la promesa a los padres, y luego, a par que se preparaba Él mismo para si un pueblo nuevo, para demostrar, estando sobre la tierra, que después de hacer Él mismo la resurrección, juzgará.

8⁸. Por fin, predicó, enseñando a Israel y haciendo tan grandes prodigios y señales, con lo que le mostró su excesivo amor.

9⁹. Y cuando se escogió a sus propios Apóstoles, los que habían de predicar su Evangelio, hombres ellos injustos respecto a la ley sobre todo pecado—a fin de mostrar que no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores—, entonces fue cuando puso de manifiesto que era Hijo de Dios.

10¹⁰. Porque de no haber venido en carne, tampoco hubieran los hombres podido salvarse mirándole a Él. como quiera que mirando al sol, que al cabo está destinado a no ser, como obra que es de sus manos, no son capaces de fijar los ojos en sus rayos.

11¹¹. En conclusión, el Hijo de Dios vino en carne a fin de que llegara a su colmo la consumación de los pecados de quienes persiguieron de muerte a sus profetas.

12¹². Luego para ese fin sufrió. Dice Dios, en efecto, que la haga de su carne procede de ellos: Cuando hirieren a su propio pastor, entonces perecerán las ovejas del rebaño.

13¹³. Ahora bien, Él mismo fue quien quiso así padecer, pues era preciso que sufriera sobre el madero. Dice, en efecto, el que profetiza acerca de Él: Perdona a mi alma de la espada. Y: Traspasa con un clavo mis carnes, porque las juntas de malvados se levantaron contra mi.

14¹⁴. Y otra vez dice: He aquí que puse mi espalda para los azotes y mis mejillas para las bofetadas; pero mi rostro lo puse como una dura roca.

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