Epístola a Diogneto 7
Sagrada Biblia Straubinger ›1VII. 1.Porque, como dije, no es invención terrena la que les fue entregada, ni tienen por digno guardarse tan escrupulosamente un pensamiento mortal, ni se les ha confiado la economía de los misterios humanos³².
22. Ma verdaderamente el mismo omnipotente ³³, creador e invisible Dios, El mismo desde el cielo asentó y confirmó en sus corazones la verdad y la palabra santa e incomprensible a los hombres; no enviando, como alguno pudiera imaginar, a los hombres a algún subordinado o un ángel o algún “arjonte” de los que gobiernan las cosas terrestres u otro de los que tienen confiadas las administraciones en los cielos, sino el mismo artífice y demiurgo de todo, por quien creó los cielos, por quien encenó el mar en sus propios límites ³⁴ , cuyos misterios guardan fielmente todos los elementos, de cuya mano recibió el sol las medidas que ha de observar en sus carreras del día, a quien obedece la luna cuando la manda lucir por la noche, a quien obedecen las estrellas que forman el séquito de la luna en su carrera, por quien todo fue ordenado y definido y sometido: los cielos y cuanto en los cielos hay; la tierra y cuanto en la tierra hay; el mar y cuanto en el mar hay: fuego, aire, abismo; lo que está en lo alto, lo que está en lo profundo, lo que está entremedio: a éste envió a los hombres.
33. Mas, ¿acaso algún hombre podría pensar que fue para la tiranía, el terror y el espanto?
44. Ciertamente no. Sino enviándole en clemencia y mansedumbre ³⁵ , como un rey envió a su Hijo, como a Dios lo envió, como hombre a los hombres lo envió; lo envió para salvar³⁶, para persuadir; no haciendo violencia, porque en Dios no se da la violencia ³⁷.
55. Lo envió para llamar, no para castigar; lo envió para amar, no para juzgar ³⁸.
66. Porque lo enviará como juez; y ¿quién resistirá su presencia? ³⁹...
77. ¿No ves cómo son arrojados a las fieras para obligarlos a negar al Señor y no son vencidos?
88. ¿No ves cómo cuanto más son castigados más se multiplican otros?
99. Tales obras no parecen de hombre; son fuerza de Dios; son pruebas de su presencia.