Salmos 92
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1(91) Salmo. Cántico. Para el día de sábado. [[2]] Es bueno dar gracias a Yahvé, cantar en tu honor, Altísimo,
2[[3]] publicar tu amor por la mañana y tu fidelidad por las noches,
3[[4]] con el arpa de diez cuerdas y la lira, acompañadas del rasgueo de la cítara.
4[[5]] Pues con tus hechos, Yahvé, me alegras, ante las obras de tus manos grito:
5[[6]] «¡Qué grandes son tus obras, Yahvé, y qué hondos tus pensamientos!»
6[[7]] El hombre estúpido no entiende, el insensato no lo comprende.
7[[8]] Aunque broten como hierba los malvados o florezcan todos los malhechores, acabarán destruidos para siempre;
8[[9]] ¡pero tú eres eternamente excelso!
9[[10]] Mira cómo * perecen tus enemigos, se dispersan todos los malhechores.
10[[11]] Pero me dotas de la fuerza del búfalo, aceite nuevo derramas * sobre mí;
11[[12]] veré la derrota del que me acecha * , escucharé la caída de los malvados.
12[[13]] El justo florece como la palma, crece como un cedro del Líbano.
13[[14]] Plantados en la Casa de Yahvé, florecen en los atrios de nuestro Dios.
14[[15]] Todavía en la vejez producen fruto, siguen llenos de frescura y lozanía,
15[[16]] para anunciar lo recto que es Yahvé: «Roca mía, en quien no hay falsedad».