Salmos 32
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1(31) De David. Poema. ¡Dichoso al que perdonan su culpa y queda cubierto su pecado * !
2Dichoso el hombre a quien Yahvé no le imputa delito, y no hay fraude en su interior.
3Guardaba silencio y se consumía mi cuerpo * , cansado de gemir todo el día,
4pues descargabas día y noche tu mano sobre mí; mi corazón cambiaba como un campo * Pausa. que sufre los ardores del estío.
5Reconocí mi pecado y no te oculté mi culpa; me dije: «Confesaré a Yahvé mis rebeldías». Y tú absolviste mi culpa, Pausa. perdonaste * mi pecado.
6Por eso, quien te ama te suplica llegada la hora de la angustia * . Y aunque aguas caudalosas se desborden, jamás le alcanzarán.
7Tú eres mi cobijo, me guardas de la angustia, Pausa. me rodeas para salvarme * .
8«Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; sin quitarte los ojos de encima, seré tu consejero».
9No seas lo mismo que caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hacen falta para domar su brío * .
10Copiosas son las penas del malvado, mas a quien confía en Yahvé lo protege su amor.
11¡Alegraos en Yahvé, justos, exultad, gritad de gozo los de recto corazón!