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Salmos 28

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1(27) De David. A ti alzo mi voz, Yahvé, roca mía, no enmudezcas; pues si te callas seré igual que los que bajan a la fosa.

2Escucha la voz de mi súplica, cuando te pido socorro, cuando levanto mis manos hacia tu santo templo.

3No me arrastres con los malvados, tampoco con los malhechores, que hablan de paz a su vecino y el mal se oculta en su corazón.

4Págales, Yahvé, según sus obras, según la malicia de sus actos, trátalos conforme a sus acciones, págales con su misma moneda.

5No entienden las obras de Yahvé, lo que han hecho sus manos: ¡que los derribe y no los reconstruya!

6¡Bendito Yahvé, que ha escuchado la voz de mi plegaria!

7Yahvé es mi fuerza y mi escudo, en él confía mi corazón: su ayuda me llena de alegría, le doy gracias con mi canto.

8Yahvé es la fuerza de su pueblo, un baluarte que salva a su ungido * .

9Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, pastoréalos y guíalos por siempre.

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