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Sabiduría 18

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Sin embargo, una magnífica luz brillaba para tus santos. Los egipcios, que oían su voz sin distinguir su figura * , los felicitaban por no haber padecido como ellos;

2les daban las gracias porque no se vengaban de los agravios recibidos y les pedían perdón por su conducta hostil * .

3Tú, en cambio, preparaste una columna de fuego, como guía para el viaje desconocido y como sol inofensivo para la gloriosa travesía.

4Bien merecían verse privados de luz y prisioneros de las tinieblas quienes tuvieron encarcelados a tus hijos, que habían de dar al mundo la luz incorruptible de la Ley.

5A los que habían decretado matar a los niños de los santos, salvándose uno solo, abandonado, les arrebataste en castigo una multitud de hijos * y los hiciste perecer juntos en las aguas impetuosas * .

6Aquella noche fue previamente anunciada a nuestros antepasados * , para que se animasen, sabiendo bien en qué juramentos habían creído.

7Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la destrucción de los enemigos,

8pues con lo que castigaste a los adversarios nos glorificaste, llamándonos a ti * .

9Los santos hijos de los buenos * ofrecían sacrificios en secreto y establecían unánimes esta ley divina: que los santos compartirían los mismos bienes y peligros, cantando previamente las alabanzas de los antepasados * .

10Les respondía el grito disonante de los enemigos y cundían los lamentos de los que lloraban a sus hijos.

11El esclavo y el amo sufrían idéntico castigo, y el plebeyo padecía la misma pena que el rey.

12Todos por igual tenían cadáveres incontables, con un mismo tipo de muerte. No había vivos suficientes para enterrarlos, porque en un instante pereció lo mejor de su raza.

13Los que no creían en nada a causa de las artes mágicas, ante la muerte de los primogénitos acabaron por reconocer que aquel pueblo era hijo de Dios * .

14Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera,

15tu palabra omnipotente se lanzó desde los cielos, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre la tierra condenada * , empuñando la espada afilada de tu decreto irrevocable;

16y cuando se detuvo, todo lo llenó de muerte; tocaba el cielo mientras pisaba la tierra.

17Entonces * les sobresaltaron de repente sueños y visiones terribles, les sobrevinieron terrores imprevistos;

18tendidos por todas partes y medio muertos, daban a conocer la causa de su muerte,

19pues sus sueños perturbadores se lo habían predicho, para que no pereciesen sin conocer la razón de su desgracia.

20También alcanzó a los justos la prueba de la muerte * y una multitud pereció en el desierto, pero no duró mucho la cólera;

21pues un hombre irreprochable * se apresuró a salir en su defensa con las armas de su ministerio: la oración y el incienso expiatorio * . Se enfrentó a la ira y puso fin a la desgracia, demostrando que era tu servidor.

22Y venció la indignación * no con su fuerza corporal, ni con el poder de las armas, sino que sometió al ejecutor del castigo con la palabra * , recordando los juramentos y las alianzas hechos a los antepasados.

23Cuando los muertos yacían amontonados, unos sobre otros, se puso en medio, detuvo a la cólera y le cerró el paso hacia los que aún vivían.

24Llevaba el mundo entero sobre su vestido talar, los nombres gloriosos de los padres en cuatro hileras de piedras talladas, y tu majestad, en la diadema de su cabeza * .

25Ante esto, el exterminador * retrocedió atemorizado, pues era suficiente una sola prueba de tu cólera.

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