Romanos 2
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Por eso, tú que juzgas, quienquiera que seas, no tienes excusa, pues, al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que aquellos a quienes juzgas.
2Pero sabemos que Dios juzga conforme a la verdad a los que hacen semejantes cosas.
3Y si tú, que juzgas a los que cometen tales cosas, haces lo mismo que ellos, ¿piensas que vas a escapar al juicio de Dios?
4¿O desprecias, tal vez, sus tesoros de bondad, paciencia y tolerancia, sin reconocer que esa bondad de Dios te impulsa a la conversión?
5Por tu cerrazón de mente y tu carácter impenitente vas atesorando contra ti ira para el día de la ira, cuando se revele el justo juicio de Dios,
6quien dará a cada cual según sus obras * .
7Los que, perseverando en el bien, busquen gloria, honor e inmortalidad recibirán vida eterna;
8mas a los rebeldes, indóciles a la verdad y dóciles a la injusticia les aguarda la ira y la cólera.
9Sufrirá tribulación y angustia cualquier persona que obre el mal: primero el judío, pero también el griego;
10en cambio, disfrutará de gloria, honor y paz todo el que obre el bien: primero el judío, pero también el griego.
11Porque Dios es imparcial .
12Cuantos pecaron sin conocer la ley, morirán también sin ley; y cuantos pecaron estando sujetos a la ley, por la ley serán juzgados.
13Y es que Dios no considera justos a los que oyen la ley, sino a los que la cumplen: éstos serán justificados.
14En efecto, cuando los gentiles, aunque no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, para sí mismos son ley * .
15Ponen de manifiesto que la realidad de esa ley está escrita en su corazón; así lo atestiguan además su conciencia y los juicios contrapuestos * que emiten de condenación o alabanza...
16para el día * en que Dios juzgue las acciones secretas de los hombres, según mi Evangelio, por Cristo Jesús.
17Pero si tú, que te dices judío y te apoyas en la ley; que te enorgulleces de creer en Dios;
18que conoces su voluntad; que disciernes lo mejor, educado como estás por la ley;
19que estás convencido de ser guía de ciegos y luz de los que andan en tinieblas;
20que te crees educador de ignorantes y maestro de niños, porque posees en la ley la expresión misma de la ciencia y de la verdad...
21pues bien, tú, que instruyes a los otros, ¿por qué no te instruyes a ti mismo? Predicas ‘No robar’, ¡y robas!;
22prohíbes el adulterio, ¡y adulteras!; aborreces los ídolos, ¡y saqueas sus templos!
23Tú, que te glorías en la ley, deshonras a Dios al transgredirla.
24Porque, como dice la Escritura, el nombre de Dios, por vuestra causa, es blasfemado entre los gentiles .
25Ciertamente la circuncisión es útil, si cumples la ley; pero, si eres un transgresor de la ley, tu circuncisión se vuelve incircuncisión.
26En cambio, si el incircunciso guarda las prescripciones de la ley, ¿no se tendrá su incircuncisión como circuncisión?
27De este modo, si un hombre que no está físicamente circuncidado cumple la ley, te juzgará a ti, que, a pesar de contar con la letra de la ley y estar circuncidado, eres transgresor de la ley.
28Pues ser judío no depende de la apariencia exterior; ni es circuncisión la externa, la de la carne.
29El verdadero judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión es la del corazón, la que depende del espíritu, no de la letra. Una persona así recibe los parabienes de Dios, no de los hombres.