Mateo 26
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›Guarda este contenido en tu perfil
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1Cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
2«Sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.»
3Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
4y se pusieron de acuerdo para prender a Jesús con engaño y matarlo.
5Comentaban, sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya una algarada entre la gente.»
6Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
7se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
8Al ver esto los discípulos, se indignaron y comentaban: «¿Para qué este despilfarro?
9Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»
10Mas Jesús, dándose cuenta, les recriminó: «¿Por qué molestáis a esta mujer, si ha hecho conmigo una ‘obra buena * ’?
11Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.
12Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, lo ha hecho anticipándose a mi entierro.
13Os aseguro que dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, para que su recuerdo perdure.»
14Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes
15y les dijo: «¿Qué me daréis, si os lo entrego?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata * .
16Desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarlo.
17El primer día de los Ázimos * , los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?»
18Él respondió: «Id a la ciudad, donde fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos.’»
19Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
21Y mientras comían * , dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me entregará.»
22Muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?»
23Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
24El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le habría valido a ese hombre no haber nacido!»
25Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Le respondió: «Tú lo has dicho.»
26Mientras estaban comiendo * , tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
27Tomó luego una copa y, después de dar las gracias * , se la pasó diciendo: «Bebed de ella todos,
28porque ésta es mi sangre de la Alianza * , que es derramada por muchos para perdón de los pecados * .
29Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre * .»
30Y cantados los himnos * , salieron hacia el monte de los Olivos.
31Entonces les dijo Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros * de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño .
32Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
33Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»
34Jesús le respondió: «Yo te aseguro que esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.»
35Añadió Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, no pienso negarte.» Lo mismo dijeron todos los discípulos.
36Entonces fue Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní * , y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
37Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentir tristeza y angustia.
38Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta el punto de morir * ; quedaos aquí y velad conmigo.»
39Él se adelantó un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú * .»
40Volvió después donde los discípulos y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
41Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
42Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»
43Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
44Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
45Volvió entonces donde los discípulos y les dijo: «Ahora ya podéis dormir y descansar * . Sabed que ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
46¡Levantaos!, ¡Vámonos! Mirad, el que me va a entregar ya está cerca.»
47Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
48El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; detenedlo.»
49Al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
50Jesús replicó: «Amigo, ¡a lo que estás aquí * !» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le detuvieron.
51En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
52Le dijo entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada perecerán a espada.
53¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
54Mas, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que debe suceder así?»
55En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¡Habéis salido a detenerme con espadas y palos, como si fuese un bandido! Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar * , y no me detuvisteis.
56Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
57Los que prendieron a Jesús lo llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
58Pedro le fue siguiendo de lejos, hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, una vez dentro, se sentó con los criados para ver en qué acababa todo.
59Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte,
60pero no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,
61que dijeron: «Éste dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios y reedificarlo en tres días * .»
62Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿No oyes lo que éstos atestiguan contra ti * ?»
63Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
64Respondió Jesús: «Tú lo has dicho. Pero os digo que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo * .»
65Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado * ! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
66¿Qué os parece?» Respondieron ellos: «Es reo de muerte.»
67Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros le golpeaban,
68mientras decían: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién te ha pegado * ?»
69Pedro, entretanto, estaba sentado fuera, en el patio. Entonces se acercó a él una criada y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.»
70Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.»
71Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Éste estaba con Jesús el Nazoreo * .»
72Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
73Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla * te descubre!»
74Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.
75Pedro se acordó entonces de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, lloró amargamente.