Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Mateo 20

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña.

2Tras ajustarse con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

3Salió luego hacia la hora tercia y, al ver a otros que estaban en la plaza parados,

4les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’

5Ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona, e hizo lo mismo.

6Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dijo: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’

7Le respondieron: ‘Es que nadie nos ha contratado.’ Dijo él: ‘Id también vosotros a la viña.’

8Al atardecer, dijo el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’

9Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno.

10Al venir los primeros pensaron que cobrarían más; sin embargo, también ellos cobraron un denario cada uno.

11Tras cobrarlo, se quejaron al propietario;

12le dijeron: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y resulta que les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’

13Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario?

14Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.

15¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’.

16Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos * .»

17Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce y les dijo por el camino:

18«Ya veis que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas. Lo condenarán a muerte

19y lo entregarán a los paganos, para burlarse de él, azotarle y crucificarlo. Y al tercer día resucitará.»

20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo.

21Él le preguntó: «¿Qué quieres?» Respondió ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda * .»

22Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa * que yo voy a beber?» Respondieron: «Sí, podemos.»

23Entonces les dijo: «Desde luego que beberéis mi copa * . Pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mis manos concederlo. Será para quienes mi Padre lo tenga dispuesto * .»

24Al oír esto los otros diez, se indignaron con los dos hermanos.

25Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder.

26No ha de ser así entre vosotros, pues el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor,

27y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo;

28de la misma manera que el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate * por muchos * .»

29Cuando salían de Jericó, le siguió una gran muchedumbre.

30En esto, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!»

31La gente les increpó para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!»

32Entonces Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»

33Respondieron: «¡Señor, que se abran nuestros ojos!»

34Movido a compasión, Jesús tocó sus ojos y, al instante, recobraron la vista. Ellos le siguieron.

WhatsApp