Mateo 16
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase un signo del cielo.
2Mas él les respondió: «Al atardecer decís: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego’,
3y a la mañana: ‘Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío.’ ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos * !
4¡Generación malvada y adúltera! Pide un signo, pero no se le dará otro signo que el de Jonás.» Y dejándolos, se fue.
5Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes.
6Jesús les dijo: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.»
7Ellos comentaban entre sí: «Será porque no hemos traído panes.»
8Mas Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre vosotros de que no tenéis panes?
9¿Aún no comprendéis, ni os acordáis de los cinco panes de los cinco mil hombres, y cuántos canastos recogisteis?
10¿Ni de los siete panes de los cuatro mil, y cuántas espuertas recogisteis?
11¿Cómo no comprendéis que no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los fariseos y saduceos.»
12Entonces entendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos * .
13Tras llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
14Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas * .»
15Él les preguntó: «Pero vosotros ¿quién decís que soy yo?»
16Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo * .»
17A esto replicó Jesús: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre * , sino mi Padre que está en los cielos.
18Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro * y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia * , y las puertas del Hades * no prevalecerán contra ella.
19A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos * .»
20Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo * .
21Desde entonces * comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que le matarían y que resucitaría al tercer día.
22Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle diciendo: «¡Ni se te ocurra, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!»
23Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Sólo me sirves de escándalo * , porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!
24Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
25Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará * .
26Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
27«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles; y entonces pagará a cada uno según su conducta * .
28Os aseguro que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»