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Marcos 14

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarlo.

2Pero comentaban: «Durante la fiesta no, no sea que haya una algarada entre la gente.»

3Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo * , de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza.

4Algunos de los presentes comentaban entre sí indignados: «¿Para qué este despilfarro de perfume?

5Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselos dado a los pobres.» Y refunfuñaban contra ella.

6Mas Jesús dijo: «Dejadla. ¿Por qué la molestáis, si ha hecho una obra buena conmigo?

7Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis, pero a mí no me tendréis siempre.

8Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para el entierro.

9Yo os aseguro que dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, para que su recuerdo perdure.»

10Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo.

11Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. A partir de entonces anduvo buscando el momento oportuno para entregarlo.

12El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?»

13Entonces, envió a dos de sus discípulos con este encargo: «Id a la ciudad. Os saldrá al paso un hombre con un cántaro de agua; seguidle,

14y veréis que entra en una casa. Decid entonces al dueño: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’

15Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.»

16Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.

17Al atardecer, llegó él con los Doce.

18Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros, que está comiendo conmigo, me entregará.»

19Ellos empezaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?»

20Él les dijo: «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato.

21Ciertamente el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le habría valido a ese hombre no haber nacido!»

22Mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió, se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo.»

23Tomó luego una copa y, después de dar las gracias, se la pasó, y bebieron todos de ella.

24Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos.

25Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios.»

26Una vez que cantaron los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

27Jesús les dijo: «Todos os vais a escandalizar, pues está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas .

28Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»

29Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no.»

30Jesús le contestó: «Yo te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.»

31Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no pienso negarte.» Lo mismo dijeron todos.

32Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración.»

33Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia.

34Les dijo entonces: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.»

35Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora.

36Decía: «¡Abbá * , Padre!, todo es posible para ti; aparta de mí esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»

37Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: «Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?

38Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»

39Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras.

40Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle.

41Volvió por tercera vez y les dijo: «Ahora ya poéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.

42¡Levantaos! ¡Vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.»

43Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.

44El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; detenedlo y llevadlo con cautela.»

45Nada más llegar, se acercó a él y le dijo: «Rabbí», y le dio un beso.

46Ellos le echaron mano y le detuvieron.

47En esto, uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja.

48Jesús tomó la palabra y les dijo: «¡Habéis salido a detenerme con espadas y palos, como si fuese un bandido!

49Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero todo esto sucede para que se cumplan las Escrituras.»

50Todos lo abandonaron y huyeron.

51Detuvieron a un joven que le seguía cubierto sólo con un lienzo,

52pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo * .

53Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote. Allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.

54También Pedro le siguió de lejos, hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote; y se quedó allí sentado con los criados, calentándose al fuego.

55Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte, pero no lo encontraban.

56Eran muchos los que lo acusaban en falso, pero los testimonios no coincidían.

57Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio:

58«Nosotros le oímos decir: ‘Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres.’»

59Pero tampoco en este caso coincidía su testimonio.

60Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y, poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿No oyes lo que éstos atestiguan contra ti * ?»

61Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito * ?»

62Jesús respondió: «Sí, yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo .»

63El Sumo Sacerdote se rasgó las túnicas y dijo: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?

64Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?» Todos juzgaron que era reo de muerte.

65Algunos se pusieron a escupirle; le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina * .» Y los criados lo recibieron a golpes.

66Estando Pedro abajo, en el patio, llegó una de las criadas del Sumo Sacerdote

67y, al ver a Pedro calentándose, lo miró atentamente y le dijo: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.»

68Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal. Entonces cantó un gallo * .

69Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Éste es uno de ellos.»

70Pero él lo negó de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos, pues además eres galileo.»

71Pero él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!»

72Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Pedro recordó entonces lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.» Y rompió a llorar.

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