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Jueces 9

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Abimélec, hijo de Yerubaal, marchó a Siquén, donde sus hermanos maternos, y les dijo a ellos y a todo el clan de la familia de su madre:

2«Decid esto, por favor, a oídos de todos los señores de Siquén: ¿Qué es mejor para vosotros, que os estén mandando setenta hombres, todos los hijos de Yerubaal, o que os mande uno solo? Recordad además que yo soy de vuestros huesos y de vuestra carne.»

3Sus hermanos maternos hablaron de él en los mismos términos a todos los señores de Siquén, y su corazón se inclinó hacia Abimélec, porque se decían: «Es nuestro hermano.»

4Le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal Berit, con los que Abimélec contrató a hombres miserables y vagabundos, que se fueron con él.

5Fue entonces a casa de su padre, en Ofrá, y mató a sus setenta hermanos varones, los hijos de Yerubaal, sobre una misma piedra. Sólo escapó Jotán, el hijo menor de Yerubaal, porque se escondió.

6Luego se reunieron todos los señores de Siquén y todo Bet Miló, y fueron y proclamaron rey a Abimélec junto al Terebinto de la estela que hay en Siquén * .

7Se lo anunciaron a Jotán, quien se colocó en la cumbre del monte Garizín, alzó la voz y clamó: «Escuchadme, señores de Siquén, y que Dios os escuche.

8Los árboles se propusieron ungir a uno como su rey. Dijeron al olivo: Sé tú nuestro rey.

9Les respondió el olivo: ¿Voy a renunciar a mi aceite, con el que son honrados los dioses y los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?

10Los árboles dijeron a la higuera: Ven tú, reina sobre nosotros.

11Les respondió la higuera: ¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?

12Los árboles dijeron a la vid: Ven tú, reina sobre nosotros.

13Les respondió la vid: ¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?

14Todos los árboles dijeron a la zarza: Ven tú, reina sobre nosotros.

15La zarza respondió a los árboles: Si con sinceridad venís a ungirme a mí para reinar sobre vosotros, llegad y cobijaos a mi sombra. Y si no es así, brote fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano.

16* «Ahora pues, ¿creéis haber obrado con sinceridad y lealtad al elegir rey a Abimélec? ¿Os habéis portado bien con Yerubaal y su familia y le habéis tratado según el mérito de sus manos * ?

17Mi padre combatió por vosotros, arriesgó su vida, os libró de la mano de Madián;

18vosotros, en cambio, os habéis alzado hoy contra la casa de mi padre, habéis matado a sus setenta hijos varones sobre una misma piedra, y habéis puesto por rey a Abimélec, el hijo de su esclava, sobre los señores de Siquén, por ser él vuestro hermano.

19Si, pues, habéis obrado con sinceridad y lealtad con Yerubaal y con su familia en el día de hoy, que Abimélec sea vuestra alegría y vosotros la suya.

20De lo contrario, que salga fuego de Abimélec y devore a los señores de Siquén y de Bet Miló; y que salga fuego de los señores de Siquén y Bet Miló y devore a Abimélec.»

21Jotán huyó, y se puso a salvo en Beer, donde se estableció, lejos del alcance de su hermano Abimélec.

22Abimélec gobernó tres años en Israel * .

23Pero Dios envió un espíritu de discordia entre Abimélec y los señores de Siquén, que traicionaron a Abimélec.

24De este modo, el crimen cometido contra los setenta hijos de Yerubaal sería vengado * y su sangre caería sobre su hermano Abimélec, que los había asesinado, y sobre los señores de Siquén, que le habían ayudado a asesinar a sus hermanos.

25Los señores de Siquén prepararon contra él emboscadas en las cimas de los montes y saqueaban a todo el que pasaba cerca por el camino. Y se dio aviso a Abimélec.

26Gaal, hijo de Obed * , acompañado de sus hermanos, vino a pasar por Siquén y se ganó la confianza de los señores de la ciudad.

27Salieron éstos al campo a vendimiar sus viñas, pisaron las uvas, hicieron fiesta y entraron en el templo de su dios. Comieron y bebieron * y maldijeron a Abimélec.

28Entonces Gaal, hijo de Obed, exclamó: «¿Quién es Abimélec y qué es Siquén para que le sirvamos? ¿Por qué el hijo de Yerubaal, y Zebul, su lugarteniente, no han de servir * a la gente de Jamor, padre de Siquén? ¿Por qué hemos de servirles nosotros?

29¡Quién pusiera este pueblo en mis manos! Yo echaría a Abimélec y le diría * que reforzase su ejército y saliera a luchar.»

30Zebul, gobernador de la ciudad, se enteró de la propuesta de Gaal, hijo de Obed, y montó en cólera.

31Entonces envió secretamente mensajeros donde Abimélec, para decirle: «Ten cuidado, porque Gaal, hijo de Obed, con sus hermanos, ha llegado a Siquén y están soliviantando a la ciudad contra ti * .

32Por tanto, prepárate por la noche, tú y la gente que te acompaña, y tiende una emboscada en el campo.

33Por la mañana temprano, en cuanto salga el sol, te lanzas contra la ciudad. Cuando Gaal salga a tu encuentro con su gente, harás con él lo que te venga a mano.»

34Abimélec se puso en marcha de noche con todas las tropas de que disponía y tendieron una emboscada frente a Siquén, repartidos en cuatro grupos.

35Cuando Gaal, hijo de Obed, salió y se detuvo a la entrada de la puerta de la ciudad, Abimélec y la tropa que le acompañaba salieron de su emboscada.

36Cuando Gaal vio la tropa, dijo a Zebul: «Mira, parece que baja gente de las cumbres de los cerros.» Zebul respondió: «Lo que ves son las sombras que hay en los cerros, y te parecen hombres.»

37Gaal volvió a decir: «Mirad, se ve gente bajando por la parte del Ombligo de la Tierra, y otra partida que llega por el camino de la Encina de los Adivinos * .»

38Zebul le dijo entonces: «¿Qué has hecho de tu boca, tú que decías: Quién es Abimélec para que le sirvamos? ¿No es ésa la gente que despreciaste? Sal, pues, ahora y pelea contra ellos.»

39Gaal salió al frente de los señores de Siquén y presentó batalla a Abimélec.

40Abimélec persiguió a Gaal, que se le escapó; pero muchos cayeron muertos antes de llegar a la puerta.

41Abimélec habitó en Arumá. Y Zebul expulsó a Gaal y a sus hermanos, y no les dejó habitar en Siquén.

42Al día siguiente la gente salió al campo. Alguien avisó a Abimélec,

43que tomó su tropa, la repartió en tres cuerpos y tendió una emboscada en el campo. Cuando vio que la gente salía de la ciudad, cayó sobre ellos y los derrotó.

44Abimélec, con el cuerpo que le acompañaba, atacó y tomó posiciones a la entrada de la puerta de la ciudad; los otros dos cuerpos se lanzaron contra todos los que estaban en el campo y los derrotaron.

45Todo aquel día estuvo Abimélec atacando a la ciudad. Cuando la tomó, mató a la población, arrasó la ciudad y la sembró de sal * .

46Al saberlo, los vecinos de Migdal Siquén se metieron en la cueva del templo de El Berit * .

47Se comunicó a Abimélec que todos los señores de Migdal Siquén estaban juntos;

48entonces Abimélec subió al monte Salmón con toda su tropa y, tomando un hacha en sus manos, cortó una rama de árbol, la alzó y echándosela al hombro dijo a la tropa que le acompañaba: «¡De prisa! Haced también vosotros lo que me habéis visto hacer a mí.»

49Todos sus hombres cortaron sendas ramas; luego siguieron a Abimélec, pusieron las ramas sobre la cripta y la prendieron fuego con los que se hallaban dentro. Así murieron también todos los habitantes de Migdal Siquén, unos mil hombres y mujeres.

50Después marchó Abimélec contra Tebés * , la asedió y tomó.

51Había en medio de la ciudad una torre fortificada, en la que se refugiaron todos los hombres y mujeres, así como los señores de la ciudad. Cerraron por dentro y subieron a la terraza de la torre.

52Abimélec llegó hasta la torre, la atacó y alcanzó la puerta de la torre con ánimo de prenderla fuego.

53Entonces una mujer le arrojó una muela de molino a la cabeza y le partió el cráneo.

54Él llamó en seguida a su escudero y le dijo: «Desenvaina tu espada y mátame, para que no vayan por ahí diciendo que me ha matado una mujer.» Su escudero lo atravesó y murió.

55Cuando la gente de Israel se enteró que Abimélec había muerto, se volvió cada uno a su lugar.

56Así devolvió Dios a Abimélec el mal que había hecho a su padre al matar a sus setenta hermanos.

57Y así hizo Dios también que recayera sobre la la gente de Siquén la culpa que había acarreado su maldad. De este modo se cumplió en ellos la maldición de Jotán, hijo de Yerubaal.

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