Jueces 11
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Jefté, el galaadita, era un valiente guerrero. Era hijo de una prostituta. Y era Galaad el que había engendrado a Jefté * .
2Pero la mujer de Galaad le había dado hijos. Cuando crecieron los hijos de la esposa, echaron a Jefté diciéndole: «Tú no tendrás herencia en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de una mujer extraña.»
3Jefté huyó lejos de sus hermanos y se quedó en el país de Tob, donde se le juntó una banda de gente miserable, que hacía correrías con él * .
4Andando el tiempo, los amonitas vinieron a combatir contra Israel.
5Y cuando los amonitas estaban atacando a Israel, los ancianos de Galaad fueron a buscar a Jefté al país de Tob.
6Dijeron a Jefté: «Ven, tú serás nuestro caudillo en la guerra con los amonitas.»
7Pero Jefté respondió a los ancianos de Galaad: «¿No sois vosotros los que me odiabais y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué acudís a mí ahora que estáis en apuros?»
8Los ancianos de Galaad replicaron a Jefté: «Por eso ahora volvemos donde ti: ven con nosotros; tú atacarás a los amonitas y serás nuestro jefe y el de todos los habitantes de Galaad.»
9Jefté respondió a los ancianos de Galaad: «Si me hacéis volver para combatir a los amonitas y Yahvé me los entrega, yo seré vuestro jefe * .»
10Respondieron a Jefté los ancianos de Galaad: «Que Yahvé sea testigo entre nosotros si no hacemos como tú has dicho.»
11Jefté partió con los ancianos de Galaad, y el pueblo le proclamó su jefe y caudillo. Y Jefté repitió todas sus condiciones delante de Yahvé en Mispá * .
12Jefté envió al rey de los amonitas mensajeros que le dijeran: «¿Qué tenemos que ver tú y yo para que vengas a atacarme en mi propio país?»
13El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: «Porque Israel, cuando subía de Egipto, se apoderó de mi país desde el Arnón hasta el Yaboc y el Jordán. Así que ahora devuélvemelo por las buenas.»
14Jefté envió de nuevo mensajeros al rey de los amonitas
15con este mensaje: «Así habla Jefté: Israel no se ha apoderado ni del país de Moab ni del país de los amonitas.
16Cuando subió de Egipto, Israel caminó por el desierto hasta el mar de Suf y llegó a Cades.
17Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom para decirle que, por favor, les dejara pasar por su país; pero el rey de Edom no les atendió. Los envió también al rey de Moab, que tampoco accedió, e Israel se quedó en Cades.
18Luego, avanzando por el desierto, bordeó el país de Edom y el de Moab y llegó al oriente del país de Moab. Acamparon a la otra parte del Arnón, sin cruzar la frontera de Moab, pues el Arnón es el límite de Moab.
19Israel envió mensajeros a Sijón, rey de los amorreos, que reinaba en Jesbón, y le dijo que, por favor, le dejaran pasar por su país hasta llegar a su destino.
20Pero Sijón le negó * a Israel el paso por su territorio, reunió toda su tropa, que acampó en Yahas, y atacó a Israel.
21Yahvé, Dios de Israel, entregó a Sijón y a todo su pueblo en manos de Israel, que, tras derrotarlos, conquistó todo el país de los amorreos que habitaban allí.
22Así conquistaron todo el territorio de los amorreos, desde el Arnón hasta el Yaboc y desde el desierto hasta el Jordán.
23De modo que, después que Yahvé, Dios de Israel, ha quitado su heredad a los amorreos en favor de su pueblo Israel, ¿ahora tú se la vas a quitar a Israel?
24¿No posees ya todo lo que tu dios Camós ha quitado para ti a sus poseedores? Pues igualmente nosotros poseemos todo lo que Yahvé nuestro Dios ha quitado para nosotros a sus poseedores.
25¿Vas a ser tú más que Balac, hijo de Sipor, rey de Moab? ¿Pudo acaso él hacerse fuerte contra Israel y luchar contra él?
26Cuando se estableció Israel en Jesbón y en sus filiales, en Aroer y en sus filiales y en todos los poblados que están a ambos lados del Arnón (trescientos años), ¿por qué no las habéis recuperado desde entonces?
27Yo no te he ofendido; eres tú el que te portas mal conmigo si me atacas. Que el Juez Yahvé juzgue hoy entre los israelitas y los amonitas.»
28Pero el rey de los amonitas no hizo caso del mensaje que le envió Jefté.
29El espíritu de Yahvé vino sobre Jefté, que recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispé de Galaad y de aquí se dirigió donde los amonitas.
30Y Jefté hizo un voto a Yahvé: «Si entregas en mis manos a los amonitas,
31el primero que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro, cuando vuelva victorioso de los amonitas, será para Yahvé y lo ofreceré en holocausto.»
32Jefté pasó al territorio de los amonitas para atacarlos, y Yahvé los entregó en sus manos.
33Los derrotó desde Aroer hasta cerca de Minit (veinte poblados) y hasta Abel Queramín. La derrota fue grandísima, y los amonitas fueron humillados delante de los israelitas.
34Pero resulta que, cuando Jefté volvió a Mispá, a su casa, su hija salió a su encuentro bailando al son de las panderetas. Era su única hija; no tenía ni más hijos ni más hijas que ella.
35Al verla, rasgó sus vestiduras y gritó: «¡Ay, hija mía! ¡Me has deshecho! ¿Habías de ser tú la causa de mi desgracia? Abrí la boca ante Yahvé y no puedo volverme atrás.»
36Ella le respondió: «Padre mío, has abierto tu boca ante Yahvé, haz conmigo lo que salió de tu boca, ya que Yahvé te ha concedido vengarte de tus enemigos los amonitas.»
37Después dijo a su padre: «Que se me conceda esta gracia: déjame dos meses para ir a vagar por las montañas y llorar mi virginidad con mis compañeras * .»
38Él le dijo: «Puedes ir.» Y la dejó marchar dos meses. Ella se fue con sus compañeras y estuvo llorando su virginidad por los montes.
39Al cabo de los dos meses, volvió donde su padre, que tuvo que cumplir en ella el voto que había hecho. La joven no había conocido varón. De ahí nació una costumbre en Israel:
40las muchachas de Israel van anualmente, durante cuatro días, a lamentarse * por la hija de Jefté el galaadita.