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Josué 22

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés,

2y les dijo: «Habéis cumplido todo lo que os mandó Moisés, siervo de Yahvé, y habéis atendido a mis órdenes siempre que os he mandado algo.

3No habéis abandonado a vuestros hermanos durante tan largo tiempo hasta el día de hoy; habéis cumplido la orden que os encomendó Yahvé vuestro Dios.

4Ahora Yahvé vuestro Dios ha dado a vuestros hermanos el descanso que les había prometido. Volveos, pues, e id a vuestras tiendas, a la tierra de vuestra propiedad, la que os dio Moisés, siervo de Yahvé, al otro lado del Jordán.

5Únicamente preocupaos de guardar el mandato y la Ley que os dio Moisés, siervo de Yahvé: que améis a Yahvé vuestro Dios, que sigáis siempre sus caminos, que guardéis sus mandamientos y os mantengáis unidos a él y le sirváis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.»

6Josué los bendijo y los despidió, y ellos se fueron a sus tiendas.

7Moisés había dado a la media tribu de Manasés su parte en Basán; a la otra media se la dio Josué entre sus hermanos, al lado occidental del Jordán. Cuando los mandó Josué a sus tiendas, les dio la bendición

8y les dijo: «Volvéis a vuestras tiendas con grandes riquezas, rebaños numerosos, plata, oro, bronce, hierro y gran cantidad de vestidos; repartid con vuestros hermanos el botín de vuestros enemigos.»

9Los rubenitas y los gaditas, con la media tribu de Manasés, se volvieron y dejaron a los israelitas en Siló, en la tierra de Canaán, para volver a la tierra de Galaad, tierra de su propiedad, donde se habían establecido según la orden de Yahvé dada por medio de Moisés.

10Cuando llegaron a los círculos de piedras del Jordán, en tierra de Canaán, los rubenitas y los gaditas y la media tribu de Manasés levantaron allí un altar a orillas del Jordán, un altar de grandioso aspecto.

11Se enteraron los israelitas y comentaron: «Mirad, los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés han levantado ese altar, frente al país de Canaán, junto a los círculos de piedras del Jordán, del lado de los israelitas.»

12Al oír esto los israelitas, se reunió en Siló toda la comunidad para hacerles la guerra.

13Los israelitas enviaron donde los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, al país de Galaad, al sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar,

14y a diez príncipes con él, un príncipe por cada familia, por cada tribu de Israel: cada uno de ellos era cabeza de su familia en los clanes de Israel.

15Cuando llegaron donde los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, al país de Galaad, les hablaron así:

16«Esto ha dicho toda la comunidad de Yahvé: ¿Qué significa esa infidelidad * que habéis cometido contra el Dios de Israel, apartándoos hoy de Yahvé, al construiros un altar, rebelándoos hoy contra Yahvé?

17¿No teníamos bastante con el crimen de Peor, del que hoy todavía no hemos acabado de purificarnos, a pesar de que vino la plaga sobre la comunidad de Yahvé?

18Si vosotros hoy os apartáis de Yahvé, si hoy os rebeláis contra Yahvé, mañana se encenderá su ira contra toda la comunidad de Israel.

19«Ahora bien, si os parece impura vuestra propiedad, pasad a la tierra de propiedad de Yahvé, donde ha fijado su morada, y estableceos entre nosotros. Pero no os rebeléis contra Yahvé, ni nos arrastréis en vuestra rebeldía al construiros un altar aparte del altar de Yahvé nuestro Dios.

20¿No fue infiel Acán, hijo de Zéraj, en el anatema, y la Cólera alcanzó a toda la comunidad de Israel, aunque él no era más que un solo individuo? ¿No murió por su crimen?»

21Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés respondieron a los jefes de los clanes de Israel en estos términos:

22«El Dios de los dioses, Yahvé, el Dios de los dioses * , Yahvé, lo sabe bien, y que lo sepa también Israel: si ha habido por nuestra parte rebelión o infidelidad contra Yahvé, que no nos salve hoy;

23y si hemos levantado un altar para apartarnos de Yahvé y para ofrecer en él holocausto y oblación o para hacer sobre él sacrificios de comunión, que Yahvé nos lo demande.

24En verdad, lo hemos hecho así por preocupación, diciéndonos a nosotros mismos que el día de mañana podrían decir vuestros hijos a los nuestros: ‘¿Qué tenéis que ver vosotros con Yahvé, el Dios de Israel?

25Yahvé ha puesto entre nosotros y vosotros, rubenitas y gaditas, la frontera del Jordán. No tenéis parte con Yahvé.’ Así vuestros hijos harían que nuestros hijos dejaran de temer a Yahvé.

26Y nos hemos dicho: Vamos a construir este altar, pero no para holocaustos, ni sacrificios,

27sino para que sea testigo entre nosotros y vosotros, y después entre nuestros descendientes, de que rendimos culto a Yahvé en su presencia con nuestros holocaustos, nuestras víctimas y nuestros sacrificios de comunión. Así no podrán decir mañana vuestros hijos a los nuestros que no tienen parte con Yahvé.

28Nos hemos dicho: Si llega a suceder que nos hablen así a nosotros o el día de mañana a nuestros descendientes, les podremos responder: ‘Mirad la forma del altar de Yahvé que hicieron nuestros padres, que no es para ofrecer holocaustos ni sacrificios, sino como testigo entre nosotros y vosotros.’

29Lejos de nosotros rebelarnos contra Yahvé y desertar hoy de su servicio, levantando, para ofrecer en él holocaustos, oblaciones o sacrificios, un altar aparte del altar de Yahvé nuestro Dios erigido delante de su morada.»

30Cuando el sacerdote Pinjás, los príncipes de la comunidad y los jefes de los clanes de Israel que le acompañaban, oyeron las palabras pronunciadas por los gaditas, los rubenitas y los manasitas, les pareció bien.

31Y el sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar, dijo a los rubenitas, a los gaditas y a los manasitas: «Ahora reconocemos que Yahvé está en medio de nosotros, pues no habéis cometido tan grande infidelidad contra él. Así habéis salvado a los israelitas de la mano de Yahvé.»

32El sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar, y los príncipes dejaron a los rubenitas y a los gaditas, y regresaron del país de Galaad al de Canaán. Cuando llegaron donde los israelitas, les dieron la respuesta.

33La cosa pareció bien a los israelitas, que dieron gracias a Dios y no hablaron más de hacerles la guerra y devastar el territorio habitado por los rubenitas y los gaditas.

34Los rubenitas y gaditas llamaron al altar... * , porque decían: «Será testigo entre nosotros de que Yahvé es Dios.»

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