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Job 9

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Job respondió así:

2Es verdad, las cosas son así: ¿cómo puede el hombre ser justo ante Dios?

3Si quiere entablar pleito con él, no le rebatirá ni una vez entre mil.

4¿Quién, sabio y fuerte, le hizo frente y salió indemne?

5Él desplaza los montes sin que lo adviertan, cuando los vuelca con su cólera.

6Él sacude la tierra de su sitio y hace vacilar sus columnas * .

7Él lo ordena y el sol no resplandece, y cierra con un sello las estrellas * .

8Él despliega los cielos sin ayuda, él aplasta la espalda del Mar * .

9Él ha hecho la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur * .

10Él ha hecho prodigios insondables, maravillas innumerables.

11Si pasa junto a mí, no lo veo, me roza y no me doy cuenta.

12Si sujeta una presa, ¿quién se la arrancará? ¿Quién puede decirle: «Qué haces»?

13Dios no renuncia a su cólera, a sus pies se postran los aliados de Rahab * .

14¡Cuánto menos podré yo defenderme * , rebuscar argumentos contra él * !

15Aun teniendo yo razón, no discutiría, tendría que suplicar a mi acusador.

16Si se dignase responder a mi llamada, no creo que escuchase mi voz.

17¡Él, capaz de aplastarme por un pelo * , que multiplica sin motivo mis heridas,

18que no me deja ni tomar resuello, que me tiene saciado de amargura!

19Si se trata de fuerza, gana en vigor, si de justicia, ¿quién le emplazará * ?

20Aun teniendo yo razón, su boca * me condenaría, aun siendo inocente, me declararía culpable.

21¿Soy inocente? Ni yo mismo lo sé. ¡Desprecio mi vida!

22Pero es lo mismo, de verdad: destruye igual al inocente y al culpable.

23Si un azote mata de improviso, se ríe de la angustia del inocente.

24Deja la tierra en poder del malvado y tapa los ojos de los magistrados; ¿quién sino él lo hace * ?

25Mis días son más raudos que un correo, se me escapan sin que pueda ver la dicha;

26se deslizan como lanchas de junco, como águila que cae sobre la presa.

27Si pretendo olvidar mi aflicción, cambiar el semblante y poner buena cara,

28me asalta el temor de mis males, pues sé que no me absolverás * .

29Y si resulta que soy culpable, ¿a qué fatigarme en vano?

30Aunque me lavase con agua de nieve y limpiase con sosa mis manos * ,

31me restregarías en el lodo * hasta que mi ropa me asqueara.

32No es un hombre como yo para decirle: «Comparezcamos juntos en un juicio».

33No hay un árbitro entre nosotros que ponga su mano entre los dos,

34que aparte su látigo de mi vista y no me espante su terror.

35Entonces hablaría sin temerle, pues creo que no soy culpable * .

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