Jeremías 11
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Palabra que llegó de parte de Yahvé a Jeremías:
2Oíd los términos de esta alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén.
3Diles: Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza
4que establecí con vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro, cuando les dije: «Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios,
5en orden a cumplir el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel —como se cumple hoy—.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahvé!
6Y me dijo Yahvé: Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: «Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos:
7que bien advertí a vuestros padres el día que los hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz!
8Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su perverso corazón. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron.»
9Me dijo Yahvé: Se ha descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén.
10Han reincidido en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la Casa de Israel y la Casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres.
11Por tanto, esto dice Yahvé: Voy a traerles una desgracia a la que no podrán hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré.
12¡Que vayan las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a quienes inciensan!, que lo que es salvarlos, no los salvarán al tiempo de su desgracia.
13Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares a la Vergüenza, otros tantos altares hay de Baal.
14En cuanto a ti, no pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración, porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia.
15¿Qué hace mi amada en mi templo?; ¿no es pura doblez su conducta? ¿Acaso crees que los votos y la carne consagrada podrán librarte de tu desgracia * ? Entonces sí que te regocijarías.
16«Olivo frondoso, lozano, de fruto hermoso» te había puesto Yahvé por nombre. Pero con gran estrépito le ha prendido fuego, y se han quemado sus guías.
17Yahvé Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la Casa de Israel y la Casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.
18Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus intrigas.
19¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que intrigaban contra mí!: «Destruyamos el árbol en su vigor * ; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»
20¡Oh Yahvé Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi causa.
21Y en efecto, así dice Yahvé tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte * cuando dicen: «No profetices en nombre de Yahvé, y no morirás a nuestras manos».
22Por tanto, esto dice Yahvé Sebaot: He decidido tomarles cuentas. Sus mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre,
23y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que venga a castigarlos.